| CALLEJÓN SIN SALIDA.
Cualquier cosa menos eso…
Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com
La susodicha discusión sobre el sistema público de salud, sigue en un callejón sin salida. Desde que los garantes presentáramos la hoja de ruta el 23 de enero, no se ha avanzado casi nada. La torre de Babel en que se ha tornado la discusión sigue teniendo a un montón de gente que grita discursos sin propuestas concretas. Desde los grupos que se oponen a todo lo que pudiera representar cambiar su cómodo statu quo, hasta los dirigentes gremiales que pretenden tener media docena de representantes cuando todo el mundo tiene solo un principal y un suplente. Francamente, no viene al caso discutir si la propuesta del grupo de garantes es buena o mala… lo que pasa es que es "la única propuesta" y nadie presenta opciones diferentes. Las pocas que se han mencionado son muy parecidas, pero cambiando el concepto de "autoridad" por el de "coordinación". Lo sospechoso es que, con la excusa de "implementar la gradualidad", hay momentos en que diera la impresión que lo que se busca es retrasar los cambios "de verdad" para evitar modificar lo existente. Al paso que van son capaces de pretender que se unifique por cinco años solamente el servicio de extracción de uñas encarnadas a ver si funciona.
Lo peor es que todo el mundo se mantiene en la discusión de si se crea o no una nueva instancia que se encargue de la administración del sistema y de la provisión del servicio, dejando a un lado los aspectos medulares de la propuesta de los garantes que parten de la base que todos los panameños tenemos derecho a la misma calidad de atención, y que son: mejorar la calidad tanto científica como humana, la necesidad de concursos y certificaciones para poder laborar en el sistema, la rendición de cuentas con las consiguientes sanciones a quienes no cumplan y la participación activa del usuario en el diseño de programas y la toma de decisiones.
Para terminar de enredar el asunto, parece que como resultado de la "estrategia" de negociación y discusión, se ha considerado implementar un sistema que siga el modelo costarricense, donde la Caja de Seguro Social sería la encargada de la atención de salud de toda la población. Aparentemente, esa opción es potable para la junta directiva y la dirección general de la CSS, pues no los "saca del baile".
Si esto es cierto (entendamos que los garantes descartamos esa opción muy temprano en la discusión), sería bueno que alguien nos explicara a los panameños, ¿qué hicimos nosotros de malo para que nos condenen a semejante desgracia?... Estamos hablando de una institución que acaba de envenenar con líquido de batería a más de setenta y cinco personas que solo cometieron el pecado de enfermarse y tomar las medicinas que les recetó alguien (sea el médico o un vecino). Una institución donde se han dado todo tipo de irregularidades en la compra de equipos e insumos (recordemos el famoso enredo de los tomógrafos), donde un angiógrafo estuvo dañado varios años mientras se pagaba privadamente mucho más dinero por estudios de los que hubiera costado comprar uno nuevo, donde las siglas NHR (no hay reactivo) se han convertido en norma de un alto porcentaje de pruebas de laboratorio, donde no se toman radiografías porque no hay placas, donde la escasez de medicamentos es la principal queja de los usuarios (sin mencionar la "calidad" de muchos de esos medicamentos), donde un paciente puede permanecer semanas hospitalizado hasta que se le haga un procedimiento diagnóstico, donde las listas de espera para consultas o cirugías pueden llegar a prolongarse por cuatro o cinco meses, donde equipos que costaron mucho dinero pernoctan bajo llave porque un "jefe" no permite que otros lo usen, donde algunos médicos incumplen descaradamente su horario sin que se les pueda sancionar, y donde ocurren otras mil y una aberraciones que quién sabe cuántas vidas cuestan anualmente.
Sobre los culpables de todo esto ya hemos hablado muchas veces. Desde la inoperancia administrativa y la falta de controles, hasta el casi nulo compromiso de muchos funcionarios hacia las necesidades de los usuarios a quienes se deben. Desgraciadamente, los muchos profesionales ejemplares que laboran en la CSS no son considerados como la norma sino como la excepción. Aunque a algunos de mis colegas les incomode, hay que hacer algo para detener la deshonestidad de quienes laboran solo dos horas de las ocho que les pagan, donde se cobra por turnos sin acudir al hospital cuando se les llama o donde se manejan estándares diferentes para pacientes institucionales y privados.
Por otro lado, el tema primordial por el que se oponen a la propuesta de los garantes es porque el Seguro Social "cargará" al Minsa en el aspecto financiero… Realmente, las contradicciones de esta gente rayan en lo absurdo. Cómo puede ser posible que, si tienen tanto miedo a que el SS "cargue" el sistema y empeore la calidad de atención que reciben los asegurados (si es que eso es posible), ahora piden ser ellos los encargados de manejar toda la atención de salud. Que me perdonen, pero humildemente creo que esa es la manera más eficiente de garantizar que la CSS quiebre irremediablemente a corto plazo. Si legalmente los obligan a manejar toda la provisión de servicios, no habrá excusa para no atender a los panameños "de segunda" (porque eso son hasta ahora) que no cotizan.
Ojalá que esta gente entendiera que se requieren cambios muy profundos y no remiendos cosméticos, aunque los alejen de las licitaciones, nombramientos y "dietas"… Los usuarios exigen que se haga algo pensando en ellos y no en los mezquinos intereses de quienes pretenden seguir "ordeñando la teta" del sistema sin importar las consecuencias. Personalmente dudo que lo acepten o lo consideren siquiera. A fin de cuentas muchos tienen suficiente "palanca" para que ellos (o sus familias) sean atendidas en forma prioritaria o, si fuera necesario, les externalicen la atención que haga falta con los fondos de los demás asegurados.
Mientras tanto, que se busque alguna solución, pero sin obligar a todos los panameños a ser atendidos en una institución burocrática, politizada e ineficiente. Cualquier cosa menos eso…
El autor es médico cardiólogo
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