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Panamá, domingo 15 de abril de 2007
 
Tema de portada
Di Caprio: talento y compromiso
 
A los 32 años, Leonardo DiCaprio ha alcanzado el éxito que muchos actores añoran durante toda su vida. Nacido en Los Angeles, ha estado actuando desde los 12 años, empezando en anuncios comerciales. 
 
DANIEL DOMINGUEZ Z. 
ddomingu@prensa.com 
 
El tiempo vuela a velocidades increíbles. Hace una década se estrenó un melodrama que le cambiaría la vida a Leonardo DiCaprio: Titanic. Esta película, que vio una de cada tres personas en el planeta Tierra, le transformó la existencia cuando tenía 22 años. Sus sueños de ser el relevo generacional de Al Pacino o Robert De Niro se le vinieron abajo como naipes dominados por el viento traicionero del éxito. De la nada se convirtió en el nuevo galán rompecorazones que toda señora deseaba ver casado con su hija, una versión moderna de Clark Gable o Cary Grant, pero esa condición fue y es más un estigma que un logro para el actor que este año fue nominado al premio Oscar por Blood Diamond.

Las primeras interpretaciones de Leonardo Wilhelm DiCaprio fueron en películas de tercera. Luego se esforzó hasta ser uno de los íconos del cine independiente, pero llegó el protagónico de Titanic (1997) junto a Kate Winslet y las aguas turbias de lo comercial lo hundieron, por un rato. Eso sí, hay aspectos de su existencia que ningún iceberg han hundido: su condición de parrandero, su alergia al matrimonio, su debilidad por las modelos, su apoyo al medio ambiente y ser un demócrata convencido. Actualmente es el álter ego del director Martin Scorsese, tiene tres nominaciones al Oscar y en su agenda hay cinco filmes pendientes de estreno entre 2007 y 2008.

Este año, por fin, terminó con su condición del guapo de turno. Este atributo en otro actor sería aprovechado para salir en todas las revistas del corazón y para conseguir jugosos salarios, pero DiCaprio no anda en ese patín porque le interesa más laborar con cineastas retadores. Por eso ha estado bajo las órdenes de Scorsese en Gangs of New York (2002), The Aviator (2004) y The Departed (2006).

Esa es la razón por la cual aceptó irse por ocho meses al continente africano a rodar Blood Diamond, de Edward Zwick (El último samurai), en la que interpreta a Danny Archer, un mercenario que trafica diamantes durante la guerra civil en Sierra Leona en la década del 90.

DiCaprio está convencido de que esta película, por la cual estuvo entre los cinco candidatos a la estatuilla dorada, sirvió para despertar conciencias. “Las empresas están siendo mucho más cuidadosas con respecto a cómo hacen sus negocios. Saben que ahora hay muchos ojos que las están mirando”, señaló a la agencia de noticias Ap.

De poetas y otros seres sensibles

DiCaprio tienen estatus tanto en el plano profesional como en lo frívolo. Por ejemplo, el Empire lo puso en 1997 en la posición número 75 en la lista de las “100 estrellas más influyentes de todos los tiempos”; la Premiere, en 2003, lo ubicó en el puesto 42 de los más poderosos en la Meca del Cine y la People lo consideró en 1997 y 1998 como la persona más hermosa del mundo del entretenimiento.

Su lado de ciudadano responsable lo ha hecho apoyar públicamente las candidaturas presidenciales de Al Gore y John Kerry, ha ofrecido más de 20 charlas sobre cómo la administración de George W. Bush se ha burlado de la ecología mundial y en 2005 compró una isla cerca de Belice en 1.7 millón de dólares.

Hoy, el nacido en Los Ángeles en 1974 puede darse el tupé de decir que los realizadores se disputan su presencia para sus producciones, pero sus inicios fueron bastante olvidables. Mientras que su madre lo bautizó Leonardo en honor de DaVinci, fue su padre quien lo acompañó a decenas de audiciones hasta que comenzaron a decirle que sí en 30 anuncios comerciales. Ah, por entonces su nombre artístico era Lenny Williams.

Entre 1990 y 1992 fue la estrella invitada en cinco programas de televisión; principalmente deslumbró en la pantalla chica en los 22 capítulos que participó en la serie Growing Pains. A los 14 años debutó en el cine con una basura de ciencia ficción titulada Critters 3 (1991) y al año siguiente estuvo en otra aún más abominable llamada Poison Ivy (1992).

Pero luego mejoró su olfato. Era un jovenzuelo cuando ya era reconocido por ser el mensajero de mafiosos en This Boy‚s Life (1993), interpretó cabalmente a un roquero toxicómano en The Basketball Diaries y recibió elogios por encarnar al poeta Arthur Rimbaud en Total Eclipse (ambas de 1995). Por entonces su salario oscilaba entre los 500 mil y un millón de dólares.

Al que en secundaria le iban mejor las matemáticas que el escenario, capturó la atención de la crítica en el drama de Lasse Hallstrom, What‚s Eating Gilbert Grape (1993), donde encarna al hermano con necesidades especiales de Johnny Depp y que le valió una nominación al Oscar y al Globo de Oro.

Así inició una galería de sensibles, emotivos, trágicos, un poco excéntricos y casi nunca agresivos personajes fílmicos, cuyo punto en común es que representan un reto para este artista con mayúscula. Lo que diferencia a Leonardo DiCaprio de otros actores, es que busca usualmente los dramas intensos y evita las películas de acción exagerada, así como las cintas de romance a ultranza (salvo Titanic y Romeo + Juliet).

Y llegó ‘Titanic’

Su línea de trabajo era el séptimo arte de riesgo, de esos que los premios Spirit apoyan con los ojos cerrados, pero a DiCaprio le pasó lo mismo que a Keanu Reeves con Matrix (1999) y a Brad Pitt con Seven (1995), formó parte de un enorme éxito comercial y esta decisión le cambió el horizonte. Protagonizar Titanic, que recaudó un billón 835 millones de dólares, lo ubicó en una cima en la que no le interesaba estar: entrar al circuito exclusivo del sistema de estrellas, seres que supuestamente con su nombre convierten en taquillazo cualquier filme.

Para 1995 aspiró ser el Robin en Batman Forever (1995), pero el encanto de Chris O‚Donnell pudo más. En 1996 se desquitó al compartir cartel con Meryl Streep y Diane Keaton en Marvin‚s Room (1996), en la que hace de hijo problemático y delincuente. Después deslumbró en la propuesta vanguardista de Baz Luhrmann, Romeo + Juliet (1996), papel shakesperiano al que también aspiró, y perdió, Ewan McGregor.

Su imagen de joven normal y corriente terminó cuando le ofrecieron ser Jack Dawson, un aventurero que viaja en tercera clase en el trasatlántico más lujoso de su época. Al estrenarse Titanic (1997), la fama le cayó como aguacero de mayo, más una nominación al Globo de Oro. Por esta cinta de James Cameron le pagaron la mísera suma de 2.5 millones de dólares.

Con Titanic, los medios sensacionalistas de Hollywood le cayeron como abejas sobre miel recién hecha y comentaron que era drogadicto, homosexual o le inventaron una docena de romances. Lo comprobado es que fumó marihuana por un tiempo, que es un consagrado juerguista nocturno y que su corazón ha quedado rendido a los pies de bellas modelos como Gisele Bündchen, Vanesa Hyden, Kristen Hang y Bar Rafaeli. Con esta última top model hubo un lío en marzo pasado, cuando dos de los guardespaldas de Leo se agarraron a golpes con unos fotógrafos metiches cuando la pareja salía de un túnel turístico junto al Muro de las Lamentaciones, caso judicial que está pendiente en Israel.

Quizá para burlarse de sí mismo y del oropel que rodea a la Meca del Cine, participó en esa burla del espectáculo que fue la cinta Celebrity (1998) de Woody Allen.

Que Titanic diera una cascada de billetes verdes hizo creer a unos cuantos productores que DiCaprio era un seguro imán en la taquilla, pero la sorpresa fue cuando sus cintas The Man in the Iron Mask (1998) y The Beach (2000) fueron sonados fracasos de boletería.

Para evitarse otro remolino mediático rechazó ser tomado en cuenta para ser el Hombre Araña en el Spiderman (2002) de Sam Raimi, responsabilidad que recayó en Tobey Maguire, su amigo desde que eran niños y jugaban al escondido.

Dos maestros tras Leo

El hijo de George (ilustrador de cómics) e Irmalin (secretaria) volvió a ser tomado en serio cuando fue llamado por Steven Spielberg para que fuera el adorado estafador de Catch Me If You Can (2002), por la que consiguió una nominación al Globo de Oro.

La fresa del helado vino cuando Martin Scorsese le pidió que estuviera en Gangs of New York (2002). ¿Quién lo recomendó? Robert De Niro, con quien había trabajado en Marvin‚s Room y This Boy‚s Life. Un dato curioso, DiCaprio, quien cobra entre 18 y 20 millones de dólares por película, decidió ponerse un salario menor de un millón de dólares por estar en esta épica sobre los orígenes violentos de Nueva York.

Así comenzó una fructífera amistad. Scorsese lo recibió como su actor fetiche, labor que por muchos años hizo honrosamente DeNiro, y DiCaprio le aseguró cierta rentabilidad a sus producciones.

En 2004 es Leo quien llamó a Martin para que lo dirigiera en The Aviator, cinta en la que interpretó al productor Howard Hughes y por la que recibió su segunda nominación a la estatuilla dorada.

El 2007 ha sido su año. Estuvo dos veces nominado al Globo de Oro por The Departed (hizo las veces de un esforzado policía encubierto) y Blood Diamond (fue un pillo con sensibilidad social) y por esta última estuvo entre los cinco que disputaron el Oscar.

Mientras que The Departed fue filmada en una cómoda ciudad como es Boston, Blood Diamond lo trasladó al continente africano, principalmente a Sierra Leona, Mozambique y Suráfrica, donde aprendió más sobre pobreza extrema, esclavitud humana, niños soldados, corruptas empresas transnacionales, el sida y dictaduras militares, hechos que lo marcaron profundamente. Esta cinta lo puso en contacto con organizaciones internacionales de derechos humanos, de las que se volvió su portaestandarte.

Su futuro inmediato

A mediados de 2007, y como prueba de su compromiso activo a favor del medio ambiente, se estrenará el documental 11th Tour sobre el calentamiento global, del que Leonardo DiCaprio ofició como guionista y productor con su compañía Appian Way. Anteriormente financió otro documental, Water Planet, sobre la falta de agua en muchas partes del globo terráqueo.

El astro de Hollywood compartió hace cinco días la portada de Vanity Fair con Knut, el pequeño y famoso oso polar del Zoo de Berlín que causa sensación en todo el mundo. DiCaprio presenta en la revista datos sobre su documental The 11th Hour.

A finales de año estará en las salas de cine con Blink, dirigida por Stephen Gaghan (Syriana) y basada en un libro de Malcolm Gladwell sobre la costumbre de anteponer los prejuicios antes que la verdad. Actúa y produce.

El 2008 será intenso para Leo, pues lo iniciará a las órdenes de Sam Mendes, quien lo convocó para su cuarto largometraje, Revolutionary Road, inspirada en una novela de Richard Yates sobre una pareja que trata de criar a sus dos hijos en la Connecticut de los años 50. Diez años más tarde, volverá a estar frente a las cámaras con Kate Winslet, de Titanic, madre de dos chicos y esposa de Mendes, ganador de un Oscar por American Beauty (1999).

Otros de sus planes es coproducir y protagonizar una cinta sobre el escándalo del consorcio energético Enron, que se titulará Conspiracy of Fools y se basa en el libro del mismo nombre del periodista del New York Times Kurt Eichenwald.

Otro drama sobre el lado turbio de las fuerzas políticas de Washington y su relación con empresas de energía tendrá posiblemente a DiCaprio ocupado en el 2008, The Chancellor Manuscrit, con realizador por contratar.

Después vendrá algo seguro, otra colaboración con Martin Scorsese. Se trata de la biográfica The Rise of Theodore Roosevelt, en la que Leo hará las veces del presidente número 26 de Estados Unidos. ¿Ahora sí vendrá el Oscar? A lo mejor, pues a Hollywood le encanta premiar, más tarde que temprano, a sus actores interesados en causas justas.

 

 



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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