Los panameños no hablamos ni peor ni mejor que los usuarios de otras naciones de América Latina. De la lengua natural, la oral la empleamos en un alto porcentaje, mucho más que la escrita, que requiere de un proceso de mayor intelectualización que la hablada.
El hablar y el escribir son resultados de la lengua natural, sin embargo, ambos procesos surgen de estrategias distintas. En nuestro medio, hay excelentes cultores de la lengua escrita. La mayoría de la población no desarrolla de manera sistemática ese código. En la lengua oral, la denominada norma culta no es la más extendida. Ésta la desarrolla la escuela formal, principalmente, y la asientan los principales medios de comunicación masiva. Lo común es una manifestación rústica y descuidada al hablar, con la supresión, por ejemplo, de la “s” final de palabra y de la ‘r’ final en los verbos infinitivos, o la pronunciación inadecuada de determinadas consonantes. Es un hablar perezoso, en ocasiones, pero no es el que guía la concepción lingüística nacional. La referencia siempre es la norma culta.
Existe un interés creciente por parte de profesionales, estudiantes y otros sectores de mejorar la comunicación, tanto oral como escrita. Las consultas sobre estas materias se multiplican cada día. Esos usuarios están conscientes de que el dominio de la lengua natural abre oportunidades para el desarrollo personal y colectivo. Otro sector de la población muestra desinterés, y ese desinterés está asociado con la pobreza, una situación crónica de carencias, y el desencanto. Los infractores no se empeñan en escuchar y menos en corregir, y menos en leer. El buen gusto y el amor a la lengua materna libran una batalla diaria frente a la chabacanería y a la vulgaridad. Allá ellos con su grosería. Me cuentan que en los departamentos de trabajo determinados personajes lanzan aquellas palabrotas, que demuestran su catadura.
¿Dónde y en qué momento empiezan las contrariedades en el uso de la lengua? La lengua natural se adquiere por contagio. Las primeras lecciones de la lengua, sobre todo la oral, las obtenemos en el hogar. La escuela está en la obligación de mejorar y enriquecer las competencias de la lengua natural, sin embargo, fracasa en el intento de imponer la ortodoxia gramatical, en desmedro de la lectura gozosa y la creatividad estimulante. Ni la comunicación oral ni la escrita llegan, sino la desazón y el aburrimiento. Con el ingreso a la universidad, mejora el déficit, sin embargo el acento es débil en la escritura de ensayos y otros tipos de texto, que debe ser un proceso sistemático en el ejercicio de los profesionales, no importa cuál sea su disciplina.
Lo dijo
Talibán, talibanes. Nombre del grupo político-religioso fundamentalista afgano. Gobernó Afganistán hasta que Estados Unidos y sus aliados derrocaron al régimen liderado por el mulá Omar. Pagaron el pato de la fechoría de Al Qaeda, cuyos cerebros moraban -y moran- en aquel territorio. ‘Talibán’ es una palabra del idioma pashtún. Es plural y es la traducción del ‘talib’ árabe, que significa estudiante. Alguna gente promovió que se dijese ‘los talibán’, entendiendo que ese sustantivo es plural. No suena, sin embargo, en español. Se ha impuesto, y con justa razón, ‘los talibanes’. En sentido literal se refiere a los seguidores de esa corriente y por extensión a todos los radicales, fundamentalistas, integristas, y no sigo por razones de seguridad. Lo espantoso es forzar el término en el sentido que le endilgó un dirigente beisbolero, que, para exaltar una hazaña de los jóvenes de Chiriquí, indicó que son ‘talibanes’. Por guerreros y valientes. No me defiendas, compadre. Se atasca otro señor cuando lleno de motivos nos da una clase de jurisprudencia: “Él ha durante varios años engañado…”. ¿Qué? Un galimatías gramatical. Al complejo verbal se le insertó la odiosa cuña de “durante varios años”. “Ha” y “engañado”, en ese contexto, forman una unidad. Este otro se baja sin estribo y habla de “todo un acta”. ‘Acta’ es un sustantivo femenino, y, si es definido y en singular, el artículo se trasvierte en masculino. Es una excepción. Lo correcto: “toda una acta”. Mejor aún: “Una acta completa”. ¡Talibanes!