Reveladoras las declaraciones dadas ayer por el Presidente: hay mucho por hacer en materia educativa y nutricional. Como si no lo viviésemos en carne propia o en la del vecino, Torrijos nos lo vuelve a decir. Lo que sería sorprendente es que su Administración evitara que las familias pobres tengan que aguantar, sin poder hacer nada, cómo la vida de sus hijos se apaga de pura hambre.
Los 35 dólares que el Gobierno reparte entre los más necesitados –los indígenas– es un alivio, pero está lejos de ser la solución. Por ello le recordaremos parte de su plan de gobierno: “...incorporaremos a las comunidades indígenas al desarrollo nacional, dotándolas de servicios básicos, créditos y financiamiento para micro y pequeñas empresas autogestionarias en áreas de producción agropecuaria, turística y artesanal...”.
Y también, para que no lo olvide, estas palabras suyas: “La pobreza se mide mejor en la cara de un niño con hambre y en la incertidumbre de una familia que se acuesta y levanta sin esperanzas. No hay excusas para un Panamá pobre”. Entonces, señor Presidente, ¿por qué esa gente continúa tan pobre como antes?
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