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Panamá, domingo 18 de marzo de 2007
 
TROTAMUNDOS
Siracusa, el eco de la Grecia clásica
 
En el sur de la isla italiana de Sicilia, Siracusa se yergue sobre los vestigios de una ciudad orgullosa de haber hecho temblar a Atenas durante su apogeo. La metrópoli goza del encanto de estar dividida por el Mar Jónico en dos mitades y es el Puente Umbertino el que se encarga de unirlas y de hacerlas independientes. 
 
INMACULADA TAPIA/ EFE 
mosaico@prensa.com 
 
En Siracusa nació el matemático Arquímedes. Su apogeo económico y cultural fue enorme, y en el siglo III antes de Cristo, antes de caer bajo el control de Roma, atrajo a numerosos pensadores cuya presencia dio esplendor a esta zona de la isla, que goza de una posición de privilegio.

Azotada por un mar tranquilo, Siracusa es uno de los rincones que mejor refleja la importancia de Sicilia siglos atrás. Sus calles cuidadas, pero no exentas de los desechos de la vida, le otorgan una pátina entre bella y decadente.

Pase por el puente hasta la isla de Ortigia, encaminándose por la calle Corso Humberto. No se despiste, no hay muchos sitios para estacionar el vehículo y lo mejor es acceder a pie o en taxi. Es aquí donde se encuentran los edificios más emblemáticos, el verdadero centro histórico.

Según cruza el puente y asciende un poco se le aparece una pequeña plaza donde se halla el templo de Apolo. Queda poco de su edificio original salvo algunos muros y paredes derruidas, aunque si se queda con ganas de imaginar cómo fue, no tiene más que visitar el museo arqueológico donde se encuentra reproducido.

EL DUOMO.

Subiendo por Corso Matteotti llegamos a la Plaza de Arquímedes, donde se encuentra una espléndida fuente que evoca el mito de Artemisa. Subiendo por vía Roma y dejando a la izquierda la iglesia de Santa María vía Minerva, llegaremos hasta la magnífica plaza del Duomo, donde el espacio permite imaginar momentos de otro tiempo. Las terrazas no presionan la maravillosa escalinata y las formas de la catedral, un verdadero archivo de la historia de la isla.

El templo actual se yergue sobre el primigenio templo de Atenea que construyeron los griegos, cuyas columnas fueron incorporadas a la estructura actual de la fachada, a la que se le han añadido elementos barrocos. En el interior del templo se halla el joyero de Santa Lucía, la patrona de la ciudad, aunque si desea ver el cuadro "El sepelio de Santa Lucía", de Caravaggio, diríjase a la Galería Regional del Palacio Bellomo.

El interior de la catedral también contiene las columnas griegas que se usaron en la construcción primitiva, lo permite realzar las naves y dotarlas de un espacio generoso.

VESTIGIOS DEL PASADO.

En uno de los costados, la iglesia de Santa Lucía -con un maravilloso balcón en forja- delimita uno de los lados de la plaza, que se halla rodeada de otros edificios de gran interés como el Palacio de los Borgia, la Iglesia de Montevergini o el Palacio de Beneventano del Bosco.

Unos pasos al sur encontramos el Palacio Migliaccio y unos metros más allá haciendo frente al mar la fuente de Aretusa, en lo que constituye ya el perímetro externo de Ortigia.

Callejear le irá descubriendo pequeños y acogedores restaurantes donde puede reservar para una velada nocturna. Ortigia se llena de noche de ambiente y el ondear del mar se escucha mientras pasea por el Lungomare viendo cómo se transforma de la mañana a la noche.

Las coloridas casas que dan al mar abren sus ventanas y las luces del interior salen a la calle; los miradores desde donde en una soleada mañana ha podido contemplar los cuerpos bronceados en el Belbedere San Giacomo o en Forte Vigliena son ahora puestos de vigía de la luna y de los barcos que pasan por la zona. Siracusa no tiene playa y son estos puestos y otros diseminados por la costa de Ortigia donde turistas y siracusanos disfrutan de un refrescante baño.

NEAPOLIS.

Neapolis es el nombre del Parque Arqueológico que alberga los monumentos más significativos de la etapa griega. Concentra los cinco distritos históricos de la villa y es allí donde se encuentra la tumba de Arquímedes.

La visita está dividida en dos zonas y quienes conocen bien su distribución la dividen en una primera parte donde se encuentran las Catacumbas de San Giovanni. Próximas a ella está la Cripta de San Marziano y la Basílica de San Giovanni Evangelista, vestigios de la primera comunidad cristiana en la zona. Un poco más alejado, pero en esta misma zona, se encuentra el Museo Arqueológico Paolo Orsi, en el que en una proyección queda reflejada: la prehistoria, la colonización griega en Sicilia y las subcolonias de Siracusa.

La segunda zona, que quizá sea la primera que visite por proximidad, le conduce a la plaza del Anfiteatro, donde tenían lugar los espectáculos de gladiadores y el circo; dejándolo y desviándonos a la derecha nos aproximamos a las latomías (canteras) de donde los arquitectos extraían la piedra para sus construcciones. Las cuevas que se crearon sirvieron durante años de prisión y eran los condenados los que se encargaban de realizar los trabajos más pesados.

Es especialmente singular la Oreja de Dionisio (el gobernante local), una de las canteras más sorprendentes y desde la cual se dice que por su acústica escuchaba las conversaciones de los prisioneros griegos convertidos en esclavos, y así se mantenía alerta de sus movimientos.

El acceso al teatro permite contemplar el Teatro Griego más grande de Sicilia. Está construido parcialmente en la roca y se divide en nueve sectores. Aquí es donde se representaban los dramas griegos.

Sobre el teatro se contemplan diferentes grutas, una de ellas tiene una pila sobre la que cae el agua del acueducto, fresca y vibrante.

Desde las calles circundantes se puede ver desde el exterior algunas zonas del complejo. Un llamativo reflejo de una época de gloria.

 

 



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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