Las autoridades de Salud parecen ser de las pocas preocupadas por los índices de infestación del vector del dengue. Y eso es así porque está claro que mientras más advertencias recibe la sociedad –es decir, nosotros– sobre el peligro que corre por el progresivo aumento de la población del mosquito ‘Aedes aegypti’, menos le presta atención.
Y ahora, por nuestra indiferencia, estamos a un paso de enfrentar una epidemia con consecuencias impredecibles. Tenemos que tener presente que el “asesino” convive con nosotros, con nuestros hijos; reside en esas pequeñas charcas aparentemente insignificantes o en el jarrón con agua donde ponemos las flores. Incluso, en las oficinas. No olvidemos que contra el dengue no hay vacuna.
Si una epidemia se desata en el país, no busquemos como únicos responsables a las autoridades. También tendremos que asumir culpa cada uno de nosotros, inclusos por las muertes que se puedan producir en nuestras propias familias.
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