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Panamá, viernes 16 de diciembre de 2005
 

COnservación ecológica.

Los Guevaras verdes

William Powers

"Bolivia es rica", me dijo una india tacana la semana pasada dentro del Parque Nacional de Madidi. Antes, en ese mismo día, habíamos visto cien monos capuchinos y monos ardilla bajar corriendo del dosel de la jungla amazónica y ahora estaban relajándose junto al lago Chalalán, mientras su primo, un chamán, bendecía hojas de coca, al tiempo que comenzaba el toque de tambores y la danza tradicionales del atardecer.

Estamos en Chalalan Lodge, unas instalaciones de ecoturismo y de propiedad y gestión totalmente indias mediante las cuales unas cien familias indígenas se han librado de la pobreza, al tiempo que creaban beneficios que ascienden a medio millón de dólares al año para la economía boliviana. Es una más de entre docenas de operaciones similares -desde las mayores salinas del mundo en el Sur hasta el lago Titicaca en el Oeste y los humedales del Pantanal al Este- que combinan el crecimiento económico con la conservación. Parece improbable que semejantes empresas existan en Bolivia, democracia frágil y el país más pobre del hemisferio junto a Haití.

Al acercarse las elecciones presidenciales que se celebrarán el 18 de diciembre, los favoritos de los sondeos no podrían parecen más diferentes entre sí.

El primero es Evo Morales, un indio aimara que se presenta bajo el estandarte del Movimiento hacia el Socialismo, al que a veces se considera como una reencarnación del Che Guevara. Tras "Evo" va Jorge "Tuto" Quiroga, millonario ex ejecutivo de IBM; es un estrecho aliado del Partido Republicano de EU.

Tuto advierte que, si ganara Evo, podría consolidar un eje del mal latinoamericano que conectaría a una Bolivia izquierdista con la Cuba de Fidel Castro y la Venezuela de Chávez. Evo replica que Tuto está demasiado vinculado con la corrupta clase política dominante de Bolivia --una de las más indecentes del mundo, según el grupo de vigilancia Transparencia Internacional-- para hacer gran cosa por la mayoría india de Bolivia, que representa dos terceras partes de la población.

El que gane habrá de afrontar los dos males aparentemente insolubles de Bolivia: la exclusión social y la pobreza. Es una combinación que ha provocado el derrocamiento de dos presidentes en los tres últimos años. Las soluciones viables no se deberán a la ideología, sino a la capitalización de lo que esa nación puede ofrecer a la economía mundial: su reserva de ecología prístina.

Noel Kempff, por ejemplo, uno de los parques nacionales de Bolivia, alberga el mayor experimento del mundo relativo a los bosques con arreglo al Protocolo de Kyoto. Dicho parque alberga el mayor trecho de hábitat cerrado virgen que queda en la Tierra, con tapires, venados rojos, titíes plateados y pumas que viven entre veinte cataratas que caen estrepitosamente desde la serranía de Huanchaca hasta los bosques. Las vías fluviales del parque albergan la décima parte de las mil nutrias gigantes de río que quedan en el mundo, junto con caimanes negros y moteados, delfines rosados de río y capybaras.

Los dos mil chiquitanos que viven en torno al parque afirman que un árbol sostiene los siete cielos del Amazonas y dan vida a esa creencia de forma moderna: utilizando sus bosques para contribuir a reducir los gases de invernadero estratosféricos que causan el calentamiento de la Tierra. British Petroleum y American Electric Power, el mayor proveedor de electricidad de EU, han ayudado a los chiquitanos a comprar concesiones madereras, con lo que han multiplicado por dos la superficie de Noel Kempff, que ha llegado a ser de tres millones de acres. Esas empresas obtienen créditos de carbono para cumplir sus obligaciones conforme al Protocolo de Kyoto.

Los indios de Bolivia han utilizado también su influencia ecológica para convencer a las compañías energéticas de que financien su lucha por una tierra natal de 750 mil acres fronteriza con Kempff.

Ahora el mantenimiento de la naturaleza rinde beneficio, pues la población local se gana su forma de vida neotradicional administrando el oxígeno con el que se comercia en la Bolsa del Clima de Chicago y despachando madera para construcción y cogollos de palmito cultivados a Chile y a Europa.

Bolivia destruye el mito de que los países del tercer mundo son demasiado pobres para ser verdes e inspira dudas poderosas sobre la famosa "curva medioambiental de Kuznets", la teoría de que la calidad medioambiental está en correlación con la riqueza.

La ejecutoria de Bolivia es notable: la primera permuta de deuda por naturaleza del mundo; el mayor bosque tropical seco protegido del mundo, gestión experimental de un parque por los indios, un sistema de zonas protegidas en rápido crecimiento, un Fondo Medioambiental Nacional, el país que encabeza las medidas internacionales para proteger la vicuña en peligro, legislación forestal progresista, un organismo nacional de conservación de la biosfera y la prohibición de comerciar con especies autóctonas.

La conservación medioambiental tiene resonancias en los partidos políticos. A la izquierda, Evo pronuncia homilías en las que exalta a la Pacha Mama o Madre Naturaleza; a la derecha, Tuto prefiere los mecanismos del mercado, como el de Kyoto, al mando y el control. Los dos candidatos quieren que se creen puestos de trabajo en los servicios ecológicos.

Independientemente de quién obtenga el poder, Occidente debe canalizar una mayor porción de los miles de millones de dólares distribuidos todos los años como ayuda para el desarrollo, incluidos los 535 millones de dólares recién aprobados para ese país con cargo a la Cuenta para el Milenio de las Naciones Unidas, para fomentar un espíritu local de capitalismo natural, en lugar de brindar caridad.

Las instalaciones turísticas gestionadas por indios que visité forman parte de un sector de turismo ecológico que representa un volumen de negocios de 175 millones de dólares y que ha ido creciendo a un 20% al año precisamente por el esplendor natural del país.

Los economistas sostienen que, si la actual modesta corriente de 350 mil visitantes al año llega a alcanzar la cifra, no demasiado ambiciosa, de un millón, cada uno de los bolivianos tendrá un puesto de trabajo. "Bolivia está en el nivel en que se encontraba Costa Rica hace 20 años", me dijo un experto en ecoturismo.

Por último, el gobierno de Bush debe ratificar el Protocolo de Kyoto para permitir tanto a las empresas mundiales como a los empresarios comunitarios bolivianos crear más haciendas de bosques tropicales y otras iniciativas creativas que reducen la pobreza, albergan diversidad biológica y refrescan un mundo en proceso de calentamiento. Tal vez Bolivia sea rica, en realidad… de un modo que podría beneficiarnos a todos nosotros durante muchos años futuros.

Project Syndicate


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