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Sensatez y salario mínimo
Gaspar García de Paredes Chiari
El Parlamento inglés tiene registros del siglo XIII sobre regular salarios, aunque aquellos establecían límites máximos, por la escasez de fuerza laboral que dejo la peste bubónica. Las primeras leyes para establecer condiciones mínimas y reglas de arbitraje surgen en Nueva Zelanda en 1894; luego en Inglaterra, en 1909. En 1938 Estados Unidos aprueba el Fair Labor Standards Act estableciendo un salario mínimo, aunque aplicaba sólo para empleados federales.
Luego de la II Guerra Mundial, se generaliza la aplicación de esos principios; y surge el debate de si tiene sentido económico establecer o no un salario mínimo, por ley. Aún hoy en día, muchos países no fijan salario mínimo por ley, ejemplo: Alemania, Austria, Dinamarca, Italia, Suecia, Suiza, entre otros.
La "regulación" del salario pretende evitar el abuso que pudiera darse cuando el recurso humano abunde o escasee. Con niveles de alto desempleo, los trabajadores pudieran verse obligados a laborar por menos que salario mínimo; lo contrario pudiera ocurrir si no hubiese suficientes trabajadores. Aunque en el mundo globalizado, las empresas se mudan a donde consigan el recurso humano que necesitan.
Es delicado establecer un salario mínimo, evitando que éste se convierta en "arma de doble filo". Aun garantizando condiciones mínimas al trabajador es crucial no fijarlo a un nivel que empuje las empresas a mudarse de país. Panamá ya tiene el salario mínimo más alto de Latinoamérica.
Más de 160 mil panameños están desempleados. Para éstos, aumentar el salario mínimo sería una barrera adicional para lograr un empleo donde les paguen prestaciones y acceso a la CSS. Otros afectados son los más de 225 mil que aparecen en la Encuesta de Hogares como subempleados o trabajando a tiempo parcial. Igualmente afectados están los 100 mil panameños que a pesar de estar empleados (a tiempo completo) ganan menos del salario mínimo, para ellos también se alejaría más la posibilidad de alcanzar ese nivel de ingreso.
En momentos en que se debate un posible ajuste del salario mínimo, sugerimos ser cautos y prudentes; cualquier ajuste por encima del índice de inflación, provocaría más desempleo, inflación y un encarecimiento de la vida, afectando mayormente a quienes menos tienen. Lo sensato es que tales aumentos estén ligados a la productividad laboral, para no afectar la competitividad de las empresas. Un aumento no relacionado con la realidad económica del país haría más difícil la situación de ese medio millón de panameños, a quienes, Dios no quiera, se pudieran sumar los posibles desplazados del sector agrícola, que tal vez resulten afectados por la apertura económica.
Aunque se pudiera "percibir" que le estaríamos mejorando la situación a quienes ganan salario mínimo, la realidad es que sería en detrimento de muchos más, que son quienes todavía menos tienen. El debate verdaderamente importante, no es sobre el salario mínimo. Deberíamos estar creando más oportunidades para mejorar el bienestar de quienes ni siquiera ganan salario mínimo.
Aunque preferiríamos que nadie tuviera que trabajar por salario mínimo, hay muchos panameños que no tienen capacitación para otro tipo de empleo. Esa realidad no va a cambiar pronto. ¿Qué hacemos? Pues el status quo no resuelve el problema.
En esa deliberación, resulta ineludible considerar el desempeño económico del país. Mientras "las cifras oficiales" acusan un crecimiento del PIB, la mayoría de los panameños no ve un efecto positivo en su economía doméstica. Pues las actividades que están empujando el PIB no son fuertes generadores de empleo, y tampoco tienen un efecto multiplicador en nuestra economía (como sí lo tienen: la construcción, la industria y el agro). Resulta evidente que debemos atraer al país más inversión en estos tres sectores, motores de la economía y fuertes generadores de puestos de trabajo; pero, sobre todo en los dos últimos: el sector productivo.
El sector productivo es el mayormente "impactado" por los TLC. Dicha afectación podría ser positiva o negativa, dependiendo de la profundidad de reformas internas que estemos dispuestos a implementar. Los verdaderos generadores de riqueza para un pueblo son el agro y la industria. Logrando un entorno "macro-económicamente competitivo" para esos sectores, las exportaciones aumentarían, se generarían más puestos de trabajo.
Los salarios subirían por el empuje de la economía. Las contribuciones a la CSS aumentarían, ayudando a resolver el problema de esa institución. El fisco recaudaría más tributos en ITBMS e impuestos de planilla. Esa es una fórmula "tropicalizada" (algo escueta) del modelo irlandés. Pero con la cual todos viviríamos más contentos.
El autor es ingeniero mecánico y ex presidente del Sindicato de Industriales de Panamá
Además en opinión
• Panameños que producen esperanza: I.Roberto Eisenmann, Jr. • Sensatez y salario mínimo: Gaspar García de Paredes Chiari • Las tentaciones de un diputado: Guillermo Cochez • Poderes en contubernio: Richard Morales • ‘Libertad: Derecho Natural’: Marcelino González T.
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