| esperanza.
Cristales rotos
Estela E. Schwartz
Siglo XXI… un gran avance tecnológico, científico cultural y hasta económico. Pero, logros de fe, humanitarismo y valores morales han sido realmente muy pocos. Continuamos tratando de mirar la vida con una clara visión de justicia y de amor al prójimo; exigiéndole a otros, una visión clara y limpia a través de cristales rotos. Aunque , el poder mirar más allá de los cristales rotos es sobrevivencia... esta sabiduría es privilegio de pocos.
Resulta tenebroso observar lo que pasa en nuestro entorno y digerir lo que vemos hoy, en la sociedad a la que pertenecemos.
Es que vivimos en una constante fabricación de trampas de fe, de confianza, de amor y de solidaridad. Como si nadie nos viera ni nos pudiera juzgar... sin rendición de cuentas y sin una conciencia justa que nos reclame una actuación de respeto, consideración y humanidad con todos en la casa, con los pueblos del mundo, con la naturaleza que nos abraza cada día y con ese ser supremo que nos brinda en cada amanecer, muchas esperanzas.
Así es la forma en que se alzan como dragón lanza-llamas; los hijos contra los padres y viceversa, los gobernantes contra los pueblos y viceversa, los anti-conservacionistas contra la naturaleza y viceversa... y continúan repitiendose estos fenómenos generacionales frente a nuestros pasivos y aterrados ojos.
Toda esta reflexión la planteo presentando un drama humano sacado de las páginas del dolor de la vida misma de un gran amigo, que conozco hace más de treinta años, un gran periodista, un gran maestro a quien le dedico este artículo, por ser un hombre de paz.
¿Puede un padre de familia ser maestro y amigo de sus hijos? La respuesta es ¡SI!... pero eso no es muy común. ¿Podría ser que además de ser amigo, también es compañero y socio de innumerables proyectos como una figura paternal, profesional y protectora? La respuesta es ¡SI!... aunque el amor por sus hijos lo ponga como un socio capitalista que asuma no sólo las inversiones del negocio, sino además todos los riesgos.
¿Sería justo pensar que un padre después de esta entrega de amor constante por sus hijos, de educarlos, alimentarlos, aconsejarlos y protegerlos... pueda ser sometido por ellos, a las más crueles situaciones de humillación sólo por secretas ambiciones personales y sabrá Dios qué otras injusticias más. Lamentablemente eso también es cierto. Existen hijos, que como depredadores se agazapan en la vida familiar, para no sólo vivir de los logros y la fama de sus padres, sino además atacarlos cuando están más frágiles buscando succionar las bondades de su progenitor. ¿Les parece irracional? A mí también, pero es cierto. De lo que se olvidan esos hijos maltratadores, despiadados y sanguijuelas es que cuando se tiene a un buen padre en la familia y los amigos encontramos en esta persona, no sólo a un buen amigo sino además a un gran maestro, ya para entonces toda la sociedad ha descubierto en su creatividad y planteamientos valientes a un periodista honesto, valioso y esos aportes tan apreciados por la democracia y la libertad de este país, lo hacen grande en el tiempo en que otros se esconden.
Ni la ambición mezquina de los hijos, ni los años, ni el cáncer, ni la lentitud legal por hacer justicia y devolverle sus bienes lograrán derrotar a mi querido amigo W.J.V., porque siento que como el ave fénix; él resurgira de las cenizas de esta dura prueba y nos seguirá fortaleciendo a propios y extraños con su arrojo, sus ganas de vivir, su amor por la libertad y esa extraordinaria disciplina, energía y humildad que lo ha hecho un personaje admirable.
Yo se que tú sí podrás encontrar nuevamente tu camino entre los cristales rotos.
Dis bendiga tu destino, una vez más... querido amigo y maestro.
La autora es comunicadora social
Además en opinión
• Estrategias peligrosas: Carlos M . Arango Jr. • Bosque frente a urbanismo: Rina Stella Barba • ¿Qué es democracia?: Maribel Cuervo de Paredes • Cristales rotos: Estela E. Schwartz • ¿Salud igual para todos?: Ricardo Beteta
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