Panamá, martes 3 de mayo de 2005
 
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CONTAMINACIÓN. A la espera de reglas claras.

El mito del aire y agua puros en Panamá

La contaminación del ambiente es un hecho, las autoridades lo saben, pero poco es lo que se hace.

Las leyes no son efectivas y su cumplimiento depende, en gran medida, de la buena voluntad de las empresas.

LA PRENSA/Jihan Rodríguez
La Bahía de Panamá ilustra el problema de contaminación. Es el destino final de toda la basura y desechos que recorren ríos y cañerías.
Ana Teresa Benjamín
abenjamin@prensa.com

La bahía de Panamá es, posiblemente, el escenario más obvio para ilustrar el tema de la contaminación. No importa cuán bello sea el paisaje desde el malecón, los olores fétidos siempre terminan por imponerse.

Lo "bueno" sería, sin embargo, que el problema fuera sólo un asunto de perturbación de los sentidos. En realidad, lo grave de los olores que desprende el agua de la bahía es que estos son el resultado de un sistema de alcantarillado que se construyó sin contar con una planta de tratamiento de aguas residuales, y de una cultura que encuentra en las quebradas y los ríos los mejores lugares para tirar toda la basura posible.

Según estudios del Ministerio de Salud, a la Bahía de Panamá van a dar 20 descargas de aguas residuales. En términos más simples, significa que hay 20 tuberías que, a diario y a toda hora, escupen al mar todo lo que los ciudadanos desechan.

El río Matasnillo también tiene su parte. En su recorrido por la ciudad recoge la basura sólida que la población lanza a su cauce. Por eso no es raro encontrar en la lama chatarra, envases de plástico y hasta llantas cuando la marea baja.

Pero para oler y ver la contaminación no hay que ir hasta avenida Balboa. Basta con caminar hasta el desagüe más cercano y observar la basura que se escurre por allí. O permanecer unos minutos en el semáforo del puente de San Miguelito e intentar respirar ese aire. O abrir la pluma del fregadero para enjuagar los platos, y mirar cómo el agua cargada de jabón desaparece por la tubería.

Panamá es, según la técnica-evaluadora del Departamento de Control de la Calidad Ambiental de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), Linette Arcia, un país con un nivel "regular" de contaminación. "En principio, porque no somos un país industrializado", aseguró.

Esto no quiere decir, sin embargo, que somos un paraíso. El agua, los suelos y el aire de Panamá sufren distintos grados de contaminación. La ciudad es ruidosa y los malos olores a veces impregnan el ambiente. Hasta las áreas de trabajo suelen ser insalubres, porque la salud ocupacional es un tema que a pocos les interesa.

Aunque se avanza en el tema ambiental, lo pendiente es aún una lista larga.

Aire enfermo

En el Instituto Especializado de Análisis de la Universidad de Panamá (IEA) se realiza desde hace varios años un estudio para medir la cantidad de gases que tiene el aire de la ciudad de Panamá.

Todo empezó en 1996, cuando con apoyo internacional se colocaron siete estaciones de medición en diversos puntos de la capital. Luego, la cantidad de puntos de medición se redujo a cuatro: el campus de la Universidad de Panamá, el puente elevado vehicular en la Transístmica, el Hipódromo Presidente Remón y el puente vehicular de San Miguelito.

Los resultados obtenidos por el Instituto indican que el lugar más contaminado de la ciudad es el área del puente de San Miguelito, por donde circulan hasta 175 mil vehículos todos los días. El segundo lugar lo ocupó el puente elevado de la Transístmica; seguido del área de la Universidad de Panamá y, por último, elhipódromo.

En todos estos puntos se encontraron altos niveles de PM-10 o partículas producidas por la combustión del diésel de motores mal ajustados. También se encontró óxido de azufre, óxido de nitrógeno y monóxido de carbono, todos producidos por los motores de los vehículos.

Tras conocerse estos resultados, el IEA, junto con funcionarios de salud, decidió realizarle exámenes de sangre a estudiantes de la Escuela San Antonio, ubicada justo al lado del puente de San Miguelito. ¿Qué encontraron? Mucho plomo en la sangre de los niños.

Hoy, aunque se vende gasolina sin plomo, al director del IEA, Jerónimo Aversa, le siguen preocupando los niveles de contaminación en el aire. La razón es simple: cada vez hay más autos en la ciudad. Como dice la técnica-evaluadora de la ANAM, hasta el 80% de la contaminación del aire se produce por las nubes negras de diésel y gasolina quemados que produce el parque vehicular.

Agua turbia

Pero, en el Instituto se realizan, además, análisis de los desechos que se lanzan a los ríos. De los resultados, sin embargo, Aversa no quiere contar. "Sólo lo puede decir la ANAM", explica. Pero de que las empresas contaminan los ríos, sí. "Cuánto, cómo y dónde no lo puedo decir. Pero todas contaminan", agrega.

El IEA está autorizado por la ANAM para efectuar las pruebas que indican qué tipo de contaminantes vierten las empresas en los ríos y quebradas. Estos análisis forman parte del "proceso de caracterización" que toda compañía debe efectuar para, luego, redactar el "Plan de Adecuación y Manejo Ambiental". Este informe es una especie de compromiso para realizar "producciones más limpias", siempre bajo la inspección de la ANAM.

Sin embargo, en este punto surgen algunos problemas. Ni la ANAM ni el Ministerio de Salud ni las autoridades municipales tienen el personal suficiente para darle seguimiento a estos procesos de caracterización y a los planes de adecuación.

Cuando una empresa incumple, las sanciones administrativas son —como dijo el ahora ex fiscal de Ambiente Giovanni Olmos— poco efectivas.

Por lo general se trata de multas que para el ex fiscal resultan "irrisorias".

Hay que decir, además, que las únicas normas con las que cuenta el país son las llamadas "Normas para Aguas Residuales", que establecen los límites máximos permitidos de sustancias contaminantes que las empresas pueden desechar en el agua luego de sus procesos de producción. Estas normas se encuentran en plena etapa de revisión porque, aunque están vigentes desde el 2000, muy pocas empresas han podido ajustarse a ellas.

Como dice Alfredo Burgos, coordinador general del Centro Nacional de Producción más Limpia del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP), menos del 5% de las empresas que participan del proyecto cumplen con la norma. Burgos también explica que todas las compañías que operaban antes de la aprobación de la Ley General de Ambiente de 1998 están en camino de ajustar sus procesos a las normas vigentes. Las que abrieron después de esa fecha están obligadas a establecer procesos limpios antes de su apertura.

Normas muy exigentes

¿Por qué no han podido cumplir con las normas? Arcia, de la ANAM, dice que "son muy exigentes". Burgos va más lejos: "Si las empresas cumplen con esas normas tendrían que cerrar. Las empresas han mejorado, están tirando aguas menos sucias, pero no cumplen con las normas".

En la revisión que se lleva actualmente, la ANAM espera llegar a un consenso con los empresarios. De alguna forma, puede que las nuevas normas sean más flexibles y que con ello aumente la contaminación de las aguas. Esto será así hasta que se concluya el proyecto de saneamiento de la bahía, que incluye la construcción de una planta de tratamiento de aguas residuales.

Normas sobre olores molestos, aguas marinas y costeras, calidad de aire, suelos, vibraciones y residuos peligrosos están armándose. Tres de ellas —olores molestos, aguas marinas y costeras y calidad de aire— están por presentarse al Comité de Normas para posteriormente someterlas a consulta pública.

Aunque las aguas residuales son las únicas que tienen "reglas", tanto Burgos como Arcia señalan que las compañías ajustan sus procesos a normas internacionales, especialmente las del Banco Mundial.

En agosto, por su parte, entrará en vigencia la Ley 5 de 2005, sobre delito ecológico, que será la primera herramienta penal con la que contará el país para hacer justicia ambiental. Ya no solo se podrán imponer multas o sanciones administrativas, sino que, dependiendo de la gravedad del acto, los responsables podrían pagar con su libertad.

Historias de empresas, basura hospitalaria y contaminación

En 1995 se realizó un estudio en 12 hospitales en Panamá y se supo que, de toda la basura que producían, 47.3% era considerada peligrosa. Diez años después, el porcentaje ha bajado hasta el 40%. ¿La solución? La clasificación.

En el Hospital del Niño, el responsable del Programa de Manejo de Desechos Sólidos, Mario Rodríguez, empezó desde 1998 a capacitar al personal en esa clasificación. La parte más delicada vino con las agujas, jeringas y objetos de vidrio que deben ser depositados en unos tanques de plástico rojos que, a su vez, son envueltos en bolsas, también rojas. Toda esta basura se deposita en el relleno sanitario de Cerro Patacón, al que diariamente entran mil 200 toneladas de desperdicios. El vertedero de Cerro Patacón es para algunas personas un medio para obtener ingresos y sobrevivir.

Por otro lado, si todo sale bien, en enero de 2006 empezarán los trabajos para la construcción de una nueva red de alcantarillado en la ciudad de Panamá. Todo forma parte del proyecto para el saneamiento de la Bahía de Panamá, que funciona bajo el paraguas del Ministerio de Salud.

Hortensia Tuñón, coordinadora del proyecto, explicó que la construcción de nuevas alcantarillas empezará en San Miguelito y Casco Viejo, para luego seguir con Tocumen y Veracruz. De los 350 millones de dólares que cuesta, entre 262 y 270 millones de dólares son los costos directos de construcción.

Aunque los trabajos técnicos marchan a buen ritmo, todavía no se conoce bien cuáles serán las fuentes de financiamiento, aunque el Banco Interamericano de Desarrollo y otras instituciones internacionales han mostrado interés en participar.

A continuación algunos casos:

* Abril/2003: Tres mil 400 galones de diésel liviano caen en el río Abajo. Se responsabiliza a la empresa AES de Panamá y se le impone una multa de 250 mil dólares.

* Mayo/2003: La bahía amanece teñida de rojo. La empresa Coca Cola fue la responsable del derrame del colorante y se le impuso una multa de 300 mil dólares.

* Enero/2005: Comienza la remoción de tosca y piedras sobre las cuales se pretendía construir una rampa de acceso para el centro comercial Multicentro, en Avenida Balboa. La pretendida rampa fue denunciada por ambientalistas y residentes del área.

* Abril/2005: Residentes de la ciudad de Colón se quejan de estar sufriendo problemas respiratorios debido al humo que flota sobre ellos. El vertedero de Colón es el responsable.

* Abril/2005: Plantas de Melo y Matadero Macello son responsabilizadas por residentes de Juan Díaz de los malos olores que deben soportar. Días después mueren cuatro personas por inhalar gases tóxicos mientras intentaban limpiar —sin los equipos necesarios— un tanque con desechos de aves.


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