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Perspectiva
Al servicio de los fuertes
Xavier Caño
Bolivia, Ecuador y Perú son los países latinoamericanos en los que se registran mayor número de casos de tuberculosis, una enfermedad que se creía vencida. Hoy, la extensión del sida ha reverdecido esta enfermedad asociada a la pobreza desde siempre. No es de extrañar, pues esos tres países son de los más empobrecidos de América Latina.
Esa situación de pobreza y de desigualdad está en el origen de la crisis casi permanente de la región. Perú no muestra hoy síntomas de conflicto político abierto, pero el presidente Toledo mantiene bajísimas cotas de aceptación por parte de la ciudadanía, aunque el descontento de momento no estalla. Bolivia y Ecuador sí sufren las crisis, ahora aparentemente amortiguadas por la voracidad mercadotécnica de los medios informativos trasladados a otros escenarios más rentables en lo noticioso.
En Bolivia, el presidente Carlos Mesa jugó fuerte, y dimitió, incapaz de atender las reivindicaciones populares sobre el gas nacional. Pero dimitió con la intención de ser reclamado y poner condiciones para continuar, como así hizo.
En Ecuador, los ciudadanos se echaron a la calle en protesta por la maniobra presidencial de sustituir magistrados de la Corte Suprema para que otros revisaran el juicio del corrupto ex presidente Bucharan y lo exoneraran. Acorralado por las protestas populares, el presidente Lucio Gutiérrez renunció, huyó y pidió asilo en la embajada de Brasil. Lucio es otra gran decepción presidencial disfrazada de izquierda en la que el pueblo había confiado por las promesas de cambio en beneficio de la mayoría.
En el caso de Ecuador, el conflicto entre la Presidencia y los ciudadanos no parece tener relación directa con la nefasta situación económica que la mayoría de gobiernos latinoamericanos se empeñan en mantener, siguiendo los patrones del dogma neoliberal que genera pobreza, pero sí con el desprecio absoluto de la voluntad y los intereses de los ciudadanos. El truco político-jurídico para librar al corrupto Bucharan del juicio por robo al erario público es una afrenta a la ciudadanía. En Bolivia, sin embargo, el pueblo ha protestado porque intuye que la famosa ley de hidrocarburos, que el presidente Mesa quiere aprobar, consistirá en entregar el beneficio de la mayor parte de la riqueza nacional del gas a las multinacionales concesionarias.
Algo así se hizo con la concesión de las aguas de Intillimani, entregándola al capital francés, alemán y suizo, provocando protestas y cortes de carreteras.
Al final, más allá de la retórica hueca de presidentes, está la defensa real de los intereses de otros, no los de su propio pueblo. El ingeniero y catedrático en Cochabamba doctor Saúl Escalera se ha preguntado recientemente, ¿por qué el presidente Mesa no ha propuesto una ley de hidrocarburos que sea el origen de una potente industrialización nacional en el sector de los fertilizantes, plásticos, hierro y acero? No hay respuesta.
En Ecuador, la torpe política de austeridad fiscal de Lucio Gutiérrez, al servicio del Fondo Monetario Internacional y en detrimento de las inversiones sociales, imprescindibles en un país en el que una sexta parte de sus ciudadanos se ha visto obligada a emigrar, es el caldo de cultivo permanente de la irritación ciudadana.
Tanto en la crisis de Bolivia como en la de Ecuador, ambos mandatarios y sus gobiernos han olvidado que sólo son los delegados del poder de los ciudadanos y que deberían ser garantes de sus intereses.
Finalmente ocurre lo que denuncia el profesor universitario y periodista Jorge Gómez Barata: la mayoría de los gobiernos de la región latinoamericana no aceptan que las instituciones políticas están al servicio de los pueblos. Por esa razón actúan como gobiernos débiles cuando han de servir a la mayoría ciudadana, pero fuertes y omnipotentes cuando son instrumento de las multinacionales, de las transnacionales, de lo que en el viejo lenguaje progresista se denominaba oligarquía.
Por mucha era de la información y de las nuevas tecnologías en la que estemos inmersos, una minoría de la humanidad intenta sacar el máximo partido de la mayoría. Y esa mayoría se resiste y ha de resistir.
Centro de Colaboraciones Solidarias
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