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Panamá vive hoy de cara a dos realidades. Una es la gran iniciativa que han tenido los gobernantes en el plano geopolítico y que ha dejado muy en alto el nombre del país. La intervención del presidente Torrijos y del canciller Lewis en los asuntos de la OEA recuerda los tiempos en que la diplomacia era utilizada con inteligencia como parte de una agenda de Estado. Además, la visita a Washington la semana pasada pone en el radar de la política exterior estadounidense las relaciones con nuestro país. La otra realidad consiste en nuestras propias prioridades y necesidades. Y aquí en Panamá hay bastantes. Por tanto, es hora de que el Gobierno aterrice y desenfunde el paquete de medidas que ayude a dar solución a los temas urgentes. Ya es tiempo de decidir sobre cuáles serán las reformas a la Caja de Seguro Social, el plan para la modernización del Canal, el futuro de la carretera entre Panamá y Colón, la limpieza de la bahía, el apoyo a las pequeñas empresas, la creación de empleos y el mejoramiento del clima de inseguridad, entre otros. Es decir, hay que echar a andar los proyectos que fueron promesas de campaña y que la ciudadanía concibió como mejor alternativa para el país. Porque la realidad es que los buenos gobernantes son aquellos que dan solución a los problemas de su gente.
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