| Realidad.
El crimen en Panamá
Graham McBain
Hoy en día, en Panamá, es claro que está aumentando la preocupación en las personas por los altos grados de criminalidad y corrupción. Como un inglés casado con una panameña, uno que visita este país desde 1982, quisiera comunicarles una experiencia que me sucedió esta mañana, a fin de descubrir qué opinión tienen otros lectores. Lo sucedido tipifica el corazón del problema que hay en Panamá y creo que se resume en el famoso dicho:
"El peor pecado hacia nuestros prójimos no es el odiarlos sino el serles indiferentes; esa es la esencia de la inhumanidad", George Bernard Shaw.
Vivo en Las Cumbres. Me encontraba en mi casa esta mañana escribiendo en mi estudio. Escuché un ruido en la parte trasera, donde está situado el cuarto principal.
El ruido venía del techo. Miré hacia arriba y encontré que un ladrón había removido uno de los cielorrasos y estaba descendiendo hacia la habitación. Tenía unos 20 años de edad y cargaba un destornillador en su mano. Se sorprendió muchísimo al verme. Estaba bastante claro que no era un profesional. Sólo un idiota no hubiera caminado alrededor de la casa primero para verificar si alguien se encontraba dentro. ¿Cuáles fueron mis pensamientos? Sorpresa y luego rabia. En una situación como ésta uno trata de comprender el por qué de una situación tan bizarra. Le dije "más te vale que vengas conmigo". El ladrón caminó detrás de mí hacia la cocina, se notaba que estaba nervioso. Fue entonces que mi cerebro se mostró más activo. ¿Qué hago? ¿Lo mato? A mano había cuchillos de cocina, pero él tenía un destornillador. ¿Intento deshabilitarlo? Yo soy un extranjero y él es un local. Él es joven, podría entrar en pánico. Tal y como fue, le dije "espera aquí". Pedí ayuda.
Lo que sigue es punto central de esta historia. Dejé mi casa y corrí hacia un colegio que se encuentra muy cerca. Encontré a un guardia de seguridad. Le grite "Por favor ayúdeme, hay un ladrón en mi casa". Respondió: "No le puedo ayudar, no puedo dejar este lugar". Él no me ayudaría, parecía lleno de miedo. Luego, corrí hacia la estación de policía, la cual estaba a un minuto de distancia. Encontré a una mujer sentada detrás de un escritorio y a un guardia de seguridad a su lado. Les dije, "Hay un ladrón en mi casa, por favor ayúdenme". Alterada y nerviosa me dijo "llamaré una patrulla". Respondí "no, no es necesario. Por favor ayúdenme, mi casa sólo está a un minuto de aquí". Pero ninguno quiso ayudarme. Nuevamente el miedo se vio reflejado. El deseo de no involucrarse. Es mejor dejárselo a otros. Él desapareció y ella no hizo nada más. Corrí hacia mi casa a lidiar con la situación. Quince minutos más tarde llegó una patrulla. Inmediatamente el policía entró a la casa sin miedo alguno. Un colega llegó poco después e hizo lo mismo. Pero el ladrón, obviamente, había escapado.
Qué reacciones más interesantes. Sin duda cinco buenas personas. Pero tres cobardes. Sólo dos hombres valientes. Me pregunto si mi pequeña historia no hace un resumen de la condición actual de Panamá. Todos se quejan, pero pocos hacen algo al respecto. Así es. Cuando el mal se acerca, es suficiente que buenos hombres no hagan algo al respecto, particularmente esos que tienen posiciones con responsabilidad. En un plano personal esto causa sufrimiento. A nivel nacional es desastroso. Lentamente, los órganos del Estado, comunidades, policía, individuos se han vuelto indiferentes. Esto crea corrupción, la cual alimenta el miedo de otros. La nación inicia una decadencia moral.
Quisiera agradecerle a esos dos oficiales. Esos dos hombres que vinieron en mi ayuda. Ellos no temían. Dios les bendiga. Ojalá no estén solos.
El autor es abogado y editor
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