| Variante.
Perspectiva
Los asomos realistas de Bush
Eduardo Ulibarri
En la noche del 31 de mayo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decidió, por 11 votos a favor y 4 abstenciones, llevar a la Corte Penal Internacional (CPI) a los presuntos autores del genocidio que se desarrolla en la región de Darfour, Sudán.
La decisión, activamente impulsada por Francia, es un fuerte golpe contra la impunidad de que han disfrutado los responsables de esa tragedia y un sólido impulso a la CPI como actor clave en el sistema internacional.
Bastaría con ello para celebrarla. Pero hay otro elemento, más sutil, que le añade trascendencia: a pesar de su persistente rechazo a la jurisdicción de la Corte y, por ende, a la resolución, Estados Unidos cambió su posible veto por una abstención y, de ese modo, permitió que se aprobara. A cambio, obtuvo la garantía de que ninguno de sus ciudadanos comparezca ante la CPI en relación con el caso, algo, de cualquier modo, virtualmente imposible, porque todos los sospechosos son sudaneses. ¿Qué puede haber tras este cambio de actitud? Obviamente, el deseo de contribuir a frenar una matanza que el gobierno estadounidense ha denunciado sin fisuras y, además, evitar la pésima imagen que se habría creado si, por su veto, fracasaba el acuerdo.
Pero el cambio también puede verse como parte de un esfuerzo por introducir componentes más multilaterales a su política exterior y, en particular, por reforzar la acción de la ONU y de su Consejo de Seguridad en ámbitos de particular interés para Washington.
Esto podría explicar, también, el apoyo otorgado por el presidente George Bush y su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, al secretario general, Kofi Annan, en sus esfuerzos por reformar la organización e, incluso, frente a las críticas de que ha sido objeto por su negligencia en sonados casos de corrupción.
Hasta algunos de los "halcones" del Partido Republicano, como el senador Norm Coleman, censor impenitente de la ONU, hablan ahora de mejorarla, en lugar de combatirla o abandonarla. En este contexto, el nombramiento como embajador ante la ONU del ex subsecretario de Estado y veterano diplomático, John Bolton, otro halcón cercano a Bush, quizá sea más un símbolo de la importancia que se le otorga a la organización y menos otra bofetada "neoconservadora" en su contra.
Dentro del realismo que, a pesar de los fuertes tintes doctrinarios actuales, subyace en la política exterior estadounidense, la experiencia en Irak tiene que haber encendido en Washington la luz de alerta sobre los límites -políticos y materiales- de ser un gendarme imperativo en el mundo. Más aún, en el portafolio de desafíos y problemas que, con razón, preocupan actualmente a Bush y su equipo, hay algunos en que las alianzas multilaterales son fundamentales para su política.
En primera línea están la fuerte amenaza de los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, frente a los cuales la eventual acción del Consejo de Seguridad es pieza indispensable en la escalada estratégica prevista -y necesaria-- antes de considerar el eventual uso de la fuerza.
Están también, en el horizonte, el riesgo de un posible conflicto entre Taiwan y China, el empeoramiento de relaciones entre esta y Japón y la necesidad de que la ONU adopte una función más activa y eficaz en conjurar conflictos regionales, o en la reconstrucción de países (sobre todo africanos) devastados por ellos.
Añádanse el efecto debilitador de los déficit presupuestario y comercial de Estados Unidos, la ampliación de la Unión Europea y la creciente importancia de potencias emergentes como China, India y Brasil, y se entenderá que el mundo no es tan unipolar como algunos presumen, y que la trama de vínculos y alianzas internacionales con que deben operar los estadounidenses tiene altos niveles de diversidad y complejidad. ¿Implica lo anterior que Bush se ha convertido, súbitamente, en un internacionalista convencido? De ninguna manera. Lo que quiere decir es que quienes analizan y valoran las iniciativas y posiciones de su política exterior sólo desde el prejuicio del presidente como vaquero texano, cometen un grave error. El proceso de generación de estrategias y toma de decisiones en Washington se nutre de muchos factores y actores. Y entre ellos las dosis de realidad mantienen una importante presencia.
El autor es periodista y ex director de La Nación de Costa Rica
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