Panamá, domingo 10 de abril de 2005
 
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LA ULTIMA PALABRA
LENGUAS ATACADAS DE NERVIOS
 
RAFAEL CANDANEDO 
mosaico@prensa.com 
 
La agonía y el funeral de Karol Wojtila y su cubrimiento (o cobertura) global dan rienda suelta al discurso pontificio. Sin un guión en frente, a los presentadores de las emisoras internacionales de televisión se les enreda la lengua y el pensamiento se les atrofia. Es como si el disparate en directo (no ‘en vivo’ ni ‘en muerto’) imprimiese mayor realismo a las transmisiones lacrimógenas.

Don Karol agoniza y una presentadora global se anticipa: “Los periodistas esperan la noticia cuanto antes”. ¿Qué noticia? ¿Escuché bien? Están desesperados por dar la primicia. ¡Buitres! Estamos en una etapa de pre-muerte, anuncia otra locutora. De esa no nos salvaremos. También todos mortales vivimos y sufrimos desde que nos engendran esa aureola de pre-muerte. No es asunto solo de pontífices. No hay estudio, no hay reflexión: el disparate fluye cual Tuira marrón. “Hay conmemoración en el Vaticano”, afirma con voz grave y funeraria otra de las vacas sagradas de la presentación televisiva. Está muriendo el Santo Padre, y entonces ¿qué es lo que conmemoramos? Conmemoración es memoria o recuerdo que se hace de alguien o algo.

“El Papa está muerto. Reina el entusiasmo en los alrededores vaticanos”, indica otro. ¿Entusiasmo? ¿Estaban los ánimos caldeados? ¿O exaltados? No hay ninguna celebración. En todo caso reina el pesar.

Una joven periodista me confiesa: en las clases los profesores nos recomiendan que nos guiemos por las informaciones internacionales. Deben ser por aquellos que no surjan al calor de la improvisación. Les pedimos que discurrieran sin un papel o monitor por delante, sin embargo entendieron que no debían reflexionar de antemano.

Lengua viva. En su origen, cónclave es aquello que se cierra con llave. Palabra latina: cum clavis. Resulta que los electores del Papa eran encerrados en una habitación bajo llave. No podían salir hasta que cumplieran su cometido. Ya no estarán retenidos los cardenales. No podrán salir de los muros vaticanos sin que haya humo blanco y se anuncie: Habemus papa (“Tenemos papa”).

Cónclave es la reunión de los cardenales para elegir Papa. Otras reuniones de esos importantes señores (¿cuándo habrá señoras en esa trascendental decisión?) son llamadas congregación. Después de la muerte en 1268 del papa Clemente IV, los cardenales no se ponían de acuerdo para elegir sucesor. Indignados, los habitantes de Viterbo, localidad próxima a Roma, tapiaron las puertas del palacio y dejaron solo un boquete para ingresar la comida a los electores, a quienes iban reduciendo las raciones poco a poco. Tras dos años, nueve meses y tres días, los cardenales eligieron Papa a Gregorio X.

Escritural. Adjetivo formado por ‘escritura’ más el sufijo ‘al’. Es un sufijo que generalmente significa relación o pertenencia. Cultural, amical, doctoral. ‘Al’ en sustantivos, indica el lugar en que abunda el primitivo: arrozal, cañaveral.

Asolar: en un artículo suscrito por Vargas Llosa y publicado en esta revista se lee: “...la dictadura que asola a la isla”. En el tiempo presente de indicativo, ese verbo (destruir, arruinar, arrasar) se conjuga: asuelo/asuelas/asuela/asolamos/asuelan/asuelan. Solo en la primera persona del plural se mantiene la ‘o’. En las formas restantes se produce la diptongación.

Morador, vecino. Morador es el habitante de un lugar; vecino también es morador, pero además tiene la condición de proximidad. Se puede ser morador de un barrio o de una localidad, pero no ser vecino, pues no existe esa cercanía.

Lo dijo

Asunto de dimensiones. El volumen es una noción quebradiza en el cerebro de muchos compatriotas. País de la superlatividad. Ciertos gestos y decires cotidianos anunciarían a un forastero desavisado que estamos al borde de una guerra civil. En rigor, no se está registrando. En el furor de la microfonomanía una autoridad –contra el lenguaje– afirma: “Hay que evitar al mínimo estas tragedias”. Si es ‘al mínimo’, entonces no hagamos nada. ¡Qué el tsunami nos pille confesados! ¿Por qué afrontar las tragedias con el mínimo de esfuerzos? Mejor: “Hay que evitar al máximo estas tragedias”.
 

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