Panamá, domingo 10 de abril de 2005
 
SECCIONES
  Portada
  Hoy por hoy
  Nacionales
  Deportes
  Opinión
  Mundo
  Negocios
  Vivir +
  Reseña
  Sociales
  Horóscopo
  Mosaico
  SUPLEMENTOS
  Ellas Virtual
  Martes Financiero
  Aprendo Web
  R. Empresarial
  SERVICIOS
  Titulares por email
  Directorio de email
  Reportajes
  Columnistas
  TIEMPO LIBRE
  Turismo
  De interés
  Cine
  De noche
  Restaurantes
  Recetario
  SEPARATAS
  Pulso de la Nación
  AYUDA
  Guía del sitio
  Tarifas
  ¿Quiénes somos?
  Contáctenos
  VISITA
  Defensoría del pueblo
   

 
COLUMNAS
CARTAS A JULIO VIERNES
MIRO POPIC Y LA CANCION DEL PANADERO
 
Miro Popic, periodista de “El Nacional” de Caracas, dijo una vez: “A veces, yo no sé si soy un periodista que cocina o si soy un cocinero que escribe en los periódicos”. 
 
CESAR YOUNG NUÑEZ 
mosaico@prensa.com 
 
Hace unas tres décadas, una noche de invierno, un viajero evadido de la imaginación de Italo Calvino se entretenía contemplando una exposición de cuadros en el lejano Instituto Panameño de Arte que estaba frente al Parque Urraca. Al saludarme se presentó como Miro Popic y me explicó que había llegado a Panamá invitado por Marco Gandásegui que había estudiado en Chile, y había volado directamente desde Santiago de Chile a la ciudad de Las Tablas y allí se había unido a los que se desgañitaban pidiéndole a San Isidro El Labrador que siguiera echando agua al compás de la murga del carnaval tableño. Se aprendió al instante las canciones de la Calle Arriba y las de Calle Abajo, de manera que cuando terminaba de corear con la Calle Arriba, se cambiaba al bando contrario y él mismo se respondía y viceversa.

Entretanto, sus amigos Antonio Alvarado, Toto D’Anello, Gustavo Hernández, Juan Carlos Marcos, Stefan Proaño, Mario Calvit, Tristán Solarte y Chuchú Martínez, nos preguntábamos cómo fue posible que un hombre vinculado a la cultura del vino, pudo adaptarse pacíficamente al Seco Herrerano.

Fue en aquella época dorada en que mi entrañable amigo Neco Endara, que navegaba por su cuenta muy lejos de las órdenes del Capitán Blood, nos habló por primera vez de las bondades etílicas del seco. Creo que la opinión de Neco fue una razón suficiente para incluir el seco en el catálogo de nuestras bebidas favoritas por su absoluta comprensión de que nuestros bolsillos cargaban en esos días las vacas flacas de José de Egipto.

Mi amigo y hermano Miro Popic se graduó en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y luego siguió cursos de Sociología del Arte en la Sorbona. Al trasladarse a Caracas obtuvo su licenciatura en Comunicación Social. Durante su alucinado recorrido por el viejo mundo, del cual estuve al tanto por las postales que me enviaba, y además porque le había dado la vuelta al mundo en ochenta días, trabajó en diversos restaurantes donde pudo abrirle un cauce definitivo a su vocación gastronómica ejerciendo el oficio desde el humilde puesto de pinche hasta ayudante del chef.

Pienso que cuando conocí a Popic viví la época más hermosa de mi vida, ya que había dejado de fumar y tomaba sólo para mi cumpleaños y los cumpleaños de mis amistades que ocupaban los otros trescientos sesenta y cinco días del año.

Popic, al fin y al cabo, es decir al cabo de la buena esperanza, publicó mi primer libro de poemas que gracias a La Lupe y a la Virgen de Guadalupe, se vendió no recuerdo en cuánto tiempo, puesto que la ganancia fue invertida en la celebración de la aparición del libro. Ahora me amenaza con publicar mi libro de relatos breves, poesías y crónicas intitulado La memoria es una extraña campana, cuyo manuscrito le enviaré la próxima semana.

Aunque Popic vivió bastante tiempo en Panamá, a mí me pareció que no llegó nunca a irse porque de alguna manera siempre regresaba. Miro Popic reside ahora en Caracas rodeado de su bella esposa Yolanda, de María Eliana y Valeska, que conocí aquí en Panamá, y sus otros hijos que no conocí sino por fotos: Verónica y Maikel, y se dedica a escribir para su periódico, para las guías turísticas y gastronómicas junto a su esposa, y compartir con sus amigos los placeres de la cocina y del vino.

Hace más de veinte años viajé a Caracas y a isla Margarita y me dio un tratamiento de jeque y aun cuando me negué en redondo a aceptar una audiencia privada con el Presidente de la República, siempre fue algo maravilloso conocer a Tomás Montilla, el más grande cuatrista venezolano, que con toda su familia vino del interior a la casa de Popic a conocer al autor del Poema Vertical “Me coso un ojo en la mano y te miro tocándote”. En l987, Popic me remitió su hermoso libro intitulado El Libro del Pan de Jamón... y otros panes. Mi sorpresa se elevó al cielo al enterarme que el autor del prólogo era nada menos que Ben Amí Fihman, la mayor autoridad gastronómica de Venezuela, al que yo leía ávidamente al comprar El Nacional muy temprano en la mañana.

Fihman decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Amén de un toque personal y del color amarillo de la miga, el pan de jamón que Miro Popic horneó con habilidad y éxito en aquel fin de año, entraba dentro de una tradición de bollería navideña profundamente arraigada en la sociedad venezolana”.

Nunca aprendí a tocar los sones de la guitarra como lo hacía Miro Popic cuando cantaba las canciones de Violeta Parra, los Beattles, Atahualpa Yupanqui y otras muchas canciones como Gracias a la vida y Por la ribera iba Catalina, etc. Pero sin duda aprendí de Miro Popic muchas cosas de la vida práctica que me ayudaron a prescindir de los servicios de Aladino y su Lámpara Maravillosa.
 

Ademas en mosaico

MIRO POPIC Y LA CANCION DEL PANADERO
LOS COMPAÑERITOS
ROGER ARTURO DURLING: UN PANAMEÑO LIDERA UN FESTIVAL
EL GENIO DE LO RELATIVO
A LOS PIES DE SAN PEDRO
UNA POETICA LUCIDEZ DE LO REAL
COSAS DE TODOS LOS DIAS
LENGUAS ATACADAS DE NERVIOS




Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
La Prensa Web TEL 323-7292 / 323-7338
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá
 

  BUSCADOR
 
Google
Web
prensa.com
| Portada | Hoy por hoy | La Ciudad | Nacionales | Deportes | Opinión | Mundo | Negocios | Vivir + | Reseña
Derechos reservados. Corporación La Prensa.