Panamá, 28 de noviembre de 2004
 
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Otros habitantes

¿Y qué hacemos con los talingos?

Jorge Ventocilla
Instituto Smithsonian

Les hablo de lo que hablo siempre:
de este gigante desconocido,
de estas tierras que balbucean,
de nuestra América fabulosa

José Martí

Ilustración de Dana Gardner

El controversial talingo. Macho a la derecha, hembra en vuelo arriba.

Quisiera aportar ideas a un debate que formalmente no se ha dado, pero que hace tiempo está en el aire: el aumento explosivo de los talingos.

Vale aclarar que hablamos del ave negra que hoy prolifera en las ciudades (la hembra es marrón; ver ilustración). ¿Talingo o chango? Chango deberíamos llamarle pero la confusión y el uso se han impuesto.

El talingo verdadero, o garrapatero, también es negro pero vive en las afueras y en los campos. Dice de él, el maestro Changmarín, que es tan poeta ¡que hasta pone los huevos azules!

Empezaré con tres precisiones. Primero: esta ave —Quiscalus mexicanus es su nombre científico—, es nativa de Panamá, nadie la introdujo.

Circulan anécdotas sobre su origen, que si las trajeron los estadounidenses para controlar plagas en las bananeras, que si Arnulfo Arias las importó de Cuba, allá por los años cuarenta, para combatir una plaga de langostas, que si escaparon de un barco colombiano anclado frente a Colón, etc.

Nada de esto es correcto: el ave ha estado aquí desde tiempos precolombinos y su rango de distribución natural va desde México al norte del Perú (hoy ha llegado hasta el Canadá, pero esa es otra historia).

Richard Cooke, arqueólogo del Smithsonian, y sus colaboradores que por años han estudiado el sitio arqueológico Cerro Juan Díaz en la Península de Azuero, reportan abundantes huesos de talingo en sus excavaciones.

Cerro Juan Díaz tuvo ocupación humana entre el 200 a.C. y el 1,400 d.C., y de 150 huesos de paseriformes identificados, 40% corresponden al talingo. Interesante es que sus huesos fueron encontrados en "basureros" que únicamente contienen restos de alimentos.

Segundo: Sí, hoy la especie es una plaga. Allá por 1957, el educador y naturalista Moisés Tejeira —hermano de Gil Blas y autor de Plumas y cantos, uno de los primeros textos sobre aves del istmo— ya señalaba: "Chango, el enlutado cantor que tanto abunda en nuestra ciudad capital, donde se ha enseñoreado de varias zonas de La Exposición, Bella Vista y Las Sabanas".

En Penonomé su presencia comenzó a ser notable recién en los ‘70, me informó el amigo Isán Liao. Y en estos días fue noticia el problema que tienen las autoridades municipales en el Parque Cervantes, de la ciudad de David, me escribió don Luis Zúñiga.

Enormes grupos duermen y causan molestias en los estacionamientos del aeropuerto de Tocumen, etc. etc. Por aquí y por allá, ¿Quién no tiene problemas con ellos? Y todavía están invadiendo poblados: en Gamboa, áreas revertidas, se ven muchos más talingos hoy que hace cinco años.

Agresivo, expansionista, omnívoro y abusivo (¿No les recuerda a un emperador actual y renombrado?), el talingo puede desplazar, matar y hasta comer huevos y pichones de casi todas las aves menores que él. Salvo pericos y mirlos pardos, las demás aves (azulejos, tortolitas, chorotecas, chuios, etc.), sufren y disminuyen cuando el talingo se enseñorea.

Y tercero, atención a este dato: prácticamente nada sabemos sobre la biología del talingo de Panamá. Solo existe una (¡una!) publicación sobre él, un estudio del comportamiento de bandadas en los alrededores del edificio de la administración del Canal.

Esto fue hace dos décadas; de ahí, nada más. Parece increíble: el talingo, una de las aves urbanas más numerosas y probablemente la más problemática para la gente, no ha sido estudiada.

¿Qué hacer? Lo bueno es que cada vez son más los ciudadanos que saben que a menor variedad y cantidad de aves, menor calidad de vida para los mismos seres humanos. Comparto plenamente el sentir de que algo hay que hacer.

Empecemos conociendo al animal, estudiándolo. ¿Qué tal como tema para una serie de tesis de estudiantes de biología? ¿Y/o unos estudios conjuntos con el Smithsonian? Me permito sugerir sentarnos a discutir el asunto entre representantes de ANAM, la Escuela de Biología de la Universidad Nacional, la Sociedad Audubon, la Sociedad Protectora de los Animales y el Smithsonian.

Para terminar, un punto clave: el talingo nunca vive en la pura selva, mas bien siempre está en los espacios habitados por el hombre. Y se reproduce y se vuelve plaga a la par de la expansión del cemento y la disminución del verdor.

Tengamos este punto siempre presente, porque que suceda o no es responsabilidad nuestra. No de los talingos.


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