El derecho a ser diferente
La migración amenaza con convertirse en el problema más significativo para los Estados del mundo en el siglo XXI, advierte el informe mundial 2004 del PNUD, que insta a la creación de políticas inclusivas y multiculturales Sofia Kalormakis de Kosmas
skosmas@prensa.com
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‘¿Aprobará la legislatura francesa la propuesta de prohibir el velo y otros símbolos religiosos en las escuelas públicas?’. Preguntas como estas deben responder las políticas
de los Estados para respetar la pluralidad de culturas dentro del mundo globalizado.
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Festejar el calendario chino, practicar el judaísmo, celebrar el mes de la etnia negra o vivir en una comarca son derechos que asisten a los ciudadanos panameños que pertenecen a estas minorías étnicas. Si no lo sabía o siente que le afecta, comprenda que la libertad cultural es un derecho y una necesidad básica para el desarrollo humano.
Estas conclusiones no forman parte de los nuevos códigos de la modernidad. Sin embargo, la falta de tolerancia que se refleja en la convivencia diaria entre personas de diversas culturas que pisan un mismo suelo, generó el interés del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que elaboró un estudio de la población del mundo y los efectos que sobre ella ha tenido la globalización.
El informe mundial 2004 del PNUD, que fue presentado en días pasados en Panamá por un panel de expertos, señala que a raíz de los grandes movimientos migratorios, la eliminación de las fronteras y la apertura de los mercados, las minorías étnicas, religiosas, raciales, políticas y culturales exigen el reconocimiento y la acogida de su identidad por parte de la sociedad. Pero a menudo esto no sucede, por el contrario, son víctimas de la discriminación. No tienen las mismas oportunidades sociales, económicas y políticas que el resto de las personas de la "cultura dominante". Al final, esta situación origina conflictos de identidad, la práctica de políticas represivas y, en situaciones extremas, la xenofobia.
El temor de ‘los que están arriba’
El informe concluye que "en esta era de la globalización, ni la comunidad internacional ni ningún Estado puede ignorar las demandas que se hacen en pos del reconocimiento cultural".
El expositor chileno Juan Enrique Vega hizo hincapié en una mentalidad que nació durante la Segunda Guerra Mundial, donde el temor de los que "están arriba" y conforman la mayoría dominante puede resultar en un racismo cultural, porque temen ser desplazadas.
Vega explicó que a diferencia de los años 60, cuando la clase obrera luchaba por su derecho a la igualdad, hoy día, muchos sectores de esta misma clase obrera son la base del nuevo fascismo, que está luchando para que no lleguen los inmigrantes -según ellos- a quitarle sus puestos de trabajo.
De acuerdo con el informe, la libertad cultural supone la capacidad de ser y vivir aquello que se escoge sin opresión ni exclusión por parte del Estado ni de nadie.
El expositor comentó una anécdota en donde la persona decía ser "geográficamente promiscua", es decir, que su cultura personal está influenciada por las tendencias que adopta al pertenecer a una etnia en particular, pero residir y/o estudiar en otras latitudes.
Por ejemplo, el informe indica que casi la mitad de los habitantes de la ciudad de Toronto nació fuera de Canadá, como resultado de una migración internacional acelerada. En comparación con los inmigrantes de siglos pasados, son muchas más las personas nacidas en el extranjero que mantienen estrechos vínculos con sus países de origen o los de sus padres. De esa manera, hoy, todos los países son sociedades multiculturales compuestas por grupos que se identifican por su etnia, religión o lengua unidos por lazos con su propia historia cultural, valores y modo de vida.
Es por ello, indicó Vega, que la enseñanza de tres lenguas es la nueva modalidad en los países del mundo actual. La primera, es la lengua materna -la que se practica en el hogar del individuo-, la segunda es la lengua del entorno -en el caso de Panamá, es el castellano-, y la tercera, es la lengua de la comunicación universal, que sin duda es el inglés.
La libertad de vivir
Pero no se debe confundir el respeto por la diversidad con la defensa de la tradición. "La libertad cultural implica que la gente pueda vivir y ser aquello que escoge y contar además con la posibilidad adecuada de optar por otras alternativas", señala el informe. La "tradición" y "autenticidad" no son sinónimos de libertad cultural. "No existen razones aceptables que permitan prácticas que nieguen a los individuos la igualdad de oportunidades y violen sus derechos humanos como negar a las mujeres el mismo derecho a la educación", agrega.
La clave es la actitud
Sin embargo, el cambio de actitudes es el verdadero desafío, tal como expresaron los miembros del panel. Actualmente, una nueva ola de determinismo cultural -la idea que la cultura de un grupo resulta en éxitos económicos y el avance de la democracia- está comenzando a predominar en algunos debates sobre políticas públicas, incitando en muchos casos al desarrollo de políticas nacionalistas que denigran u oprimen a culturas consideradas "inferiores", lo que a su vez obstaculiza la unidad nacional, la democracia y el desarrollo del país.
Estas teorías merecen de una evaluación y una conciencia crítica, apuntó Agata Williams, representante de la comunidad afro-panameña ante la conferencia, para dilucidar discursos políticos "huecos" que pueden ser peligrosos.
José Mendoza, dirigente del grupo ngöbe buglé, concordó con Williams, y agrega que el Estado a menudo utiliza estereotipos infundados para postergar la negación a los derechos básicos de todos los grupos étnicos.
Mendoza citó como ejemplo la categorización que se le da a las lenguas indígenas, a las que se les denomina "dialectos", en vez de llamarles "idiomas".
Para comprenderlo mejor cuenta la anécdota de un chico de su comarca que le recalcó: "tanto que nos denigraron el tapa-rabo; pero ahora veo cantidad de gente usando tapa-rabo en la televisión… y no son indígenas".
Datos interesantes
Existen más de 5 mil grupos étnicos diferentes
viviendo en los aproximadamente 200 países del mundo.
- Dos de cada tres países cuentan al menos con un grupo minoritario
considerable, étnico o religioso, que representa 10% de la población.
- En Panamá, 10% de la población pertenece
a uno de ocho pueblos indígenas (ngöbe, kuna, emberá,
wounan, buglé, naso,
bokota y bri bri) y un número significativo de ciudadanos de ascendencia
europea, asiática, de Medio Oriente y otras regiones del mundo.
- Se estima que una de cada siete personas en el mundo
forma parte de algún
grupo minoritario y sufre algún tipo de exclusión por el
modo de vida o de participación que no enfrentan otros grupos
en el estado.
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