Panamá, 28 de noviembre de 2004
 
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La restauración imposible

La iglesia de San Francisco continúa cerrada y deteriorándose. Las promesas insólitas de Mireya

GUIDO BILBAO
gbilbao@prensa.com

LA PRENSA/Víctor Arosemena

La Iglesia de San Francisco permanece cerrada y nadie sabe cuándo volverá a la vida.

San Francisco de la Montaña es un pueblo pequeño, rodeado de montes y ríos. Hay varias caídas de agua, la vegetación es abundante y los paisajes de ensueño.

Aunque por lo general la vida aquí es tranquila, desde hace algunos años el pueblo vive convulsionado. Sus casi tres mil habitantes esperan que el gobierno les explique qué es lo que pasó con la iglesia, un monumento histórico del siglo XVIII, que es el orgullo de la región pero permanece cerrado y en franco deterioro.

Aunque desde los rincones más insólitos del mundo han llegado visitantes para ver con sus propios ojos las obras de arte barroco indigenista que pueblan sus entrañas, hoy nadie puede disfrutar de la exhibición.

El mal estado de la construcción se debe, claro, al paso del tiempo. Pero sobre todo, a la mala acción del Instituto Nacional de Cultura (INAC), que durante la pasada administración encaró una reparación estructural que resultó millonaria, sin embargo, dejó las cosas peor de lo que estaban.

La hecatombe

Arte barroco indigenista; un patrimonio histórico panameño en peligro.

El INAC contrató a Leso Construcción S.A., empresa que a finales del 2000 comenzó a trabajar en San Francisco.

Debía reparar el edificio, mejorar los techos y cuidar los altares, las obras más valiosas del lugar. Sin embargo, pasó todo lo contrario. Desarmaron los techos del templo sin cuidado y dejaron los altares a la intemperie durante meses, recibiendo el maltrato del viento, las lluvias y el sol. Son elementos frágiles y de un valor incalculable.

"Esa gente vino aquí con pata de cabra y martillo a restaurar algo tan delicado. No cuidaron nada, un pecado fue", explica el señor Pito Puga en medio de una especie de asamblea improvisada de vecinos en el kiosco que está enfrente de la plaza y a metros de la iglesia clausurada.

"Pero en realidad, lo que nadie sabe, es que todo era una mascarada: vinieron a huaquear. La leyenda decía que abajo de la iglesia había tesoros de los tiempos de la conquista. Fue por eso que levantaron todos los pisos. Después de eso dejaron todo sin terminar y se fueron, apoyados por el gobierno", relata otro vecino.

LA PRENSA/Víctor Arosemena

El padre Norberto Cáceres dando misa en un centro de capacitación.

La iglesia quedó muy mal: con deficiencias en sus estructuras, con varios altares destrozados, con filtraciones de agua.

Ante semejante situación, los vecinos se organizaron y en enero del 2003 tomaron el poder de la iglesia, impidiendo que el INAC volviera para lo que ellos habían bautizado como "la etapa final". "Si los dejábamos, quizá la tiraban abajo" se burla otro de los vecinos que come empanadas de gallina -riquísimas- que prepara la directora de la escuela.

La actitud del pueblo paralizó las acciones del gobierno y dejó una partida de 105 mil dólares "dormida" en el presupuesto.

La guerra interna

Luego de los graves problemas que desataron los arreglos, se organizó un comité conformado por las autoridades eclesiásticas y diferentes componentes de la comunidad civil.

Llegaron a la conclusión de que para reparar los desarreglos y dejar la iglesia en condiciones había que invertir medio millón de dólares. Hicieron de todo, hasta que lograron una audiencia con la presidenta, Mireya Moscoso.

"Eso es mucho dinero", les contestó cuando le pidieron los 500 mil dólares. "Ahora no tengo presupuesto, pero ya sé como ayudarlos: con la venta de la casa de Punta Mala. Cuando se venda esa propiedad, vamos a destinar una parte para restaurar la iglesia", les prometió la presidenta a los vecinos y los sacerdotes que participaban de la reunión. "Y además, les prometo, la gente que hizo este desastre irá presa", añadió.

Con el tiempo la casa de Punta Mala fue comprada por el hermano de la presidenta, Franklin Moscoso, pero de ese dinero, a la San Francisco no fue ni un centavo.

El recuento de los casos de corrupción durante el gobierno moscosista determina un sistema: los trabajos que debía hacer el estado se le otorgaban a los amigos del poder, sin experiencia, que terminaban convirtiendo los proyectos siempre en escándalos. Pasó en el Museo Tucán, pasó en Prados del Este y el caso del templo de San Francisco no escapa a este sistema. El trabajo fue otorgado sin licitación alguna, a una empresa sin renombre y armada para la ocasión.

Pero las cosas no eran fáciles. Cuando el comité acudía a pedir investigaciones a las autoridades del Estado, ni los atendían.

"Porque no teníamos denominación legal. Por eso formamos una ONG, Arisamon (Asociación pro rescate de la Iglesia San Francisco de la Montaña). Pero como ninguna ONG puede estar al mando de una persona que pertenezca a otra organización, como la iglesia, los padres de San Francisco no podían ser los principales dirigentes. Y por eso abandonaron la idea y se pusieron a negociar ellos solos", explica la doctora Nerytza de Grimaldo, presidenta de Arisamon. Fue entonces, en medio de los reclamos, cuando surgieron las disidencias internas.

El presidente del Consejo vecinal, Albercio Ellis Jr., dice que todo el pueblo quiere "echar pa’ lante" la iglesia. "Los problemas vienen cuando aparecen los recursos", explica.

Mientras las autoridades eclesiásticas comenzaron a luchar por los 105 mil dólares que estaban congelados en el presupuesto del INAC y no habían sido desembolsados, la flamante ONG dirigió sus acciones en otra dirección. Por un lado, luchaban por la rehabilitación y restauración total de la monumento histórico. Por eso se oponían a las intenciones de la iglesia, que estaba interesada en recibir el presupuesto existente de 105 mil dólares. "De nada sirve un desembolso parcial, que no arreglará el problema", dicen en la ONG.

El padre Venancio Ciasa, de San Francisco, opina lo contrario. "Si está ese dinero, ¿por qué no lo vamos a recibir? Luego la lucha sigue", explica la postura de la Iglesia.

Pero además de la disputa por el dinero, la ONG se embarcó en la búsqueda de los culpables de semejante lío.

Y fue así como consiguieron que tanto la Procuraduría General de la Nación como la Defensoría del Pueblo responsabilizaran a la empresa por sus malos trabajos y al INAC por la falta de fiscalización.

Lo extraño del caso es que el nuevo director general del organismo cultural, Reiner Rodríguez, hasta donde se sabe, no ha anunciado el inicio de investigaciones para clarificar qué es lo que ha pasado en este proyecto. Sí trascendió que dejaría fluir hacia las autoridades eclesiásticas los 105 mil dólares que están en el limbo del INAC.

El fin de semana anterior, Martín Torrijos visitó Veraguas y prometió gestionar fondos internacionales para terminar de una vez por todas con el paso de la iglesia de San Francisco por el purgatorio burocrático. En el mismo sentido habló Vivian de Torrijos el pasado jueves, cuando visitó San Francisco.

Sois el diablo

La disputa en el seno interno del pueblo hasta llegó a oscurecer las celebraciones del patrono. El pasado 4 de octubre, monseñor Oscar Brown, de la diócesis de Veraguas, dijo en misa que "el que no está con la iglesia, no está con Dios... hay algunos que tienen al maligno", en obvia referencia a los "infieles" de la ONG que se oponían a los manejos de la iglesia. "Ahora nos van a excomulgar", se ríen algunos vecinos. "Nosotros no estamos aquí para administrar dinero, no nos interesa, eso debe hacerlo el Estado. Somos vecinos de San Francisco que nos organizamos y vamos a colaborar por el bien del templo. Con o sin autorización", expone Grimaldo, la presidenta de Arisamon.

Pero además, hay un tema espinoso que aún no ha terminado de explotar. La iglesia se ha propuesto conseguir los títulos de propiedad del templo. Por donde se lo mire, eso es inconstitucional. El edificio de San Francisco es Patrimonio Histórico de la Nación desde 1937. Y los Patrimonios Históricos son del Estado y por ley, no se pueden vender.

El párroco de San Francisco, Norberto Cáceres, no piensa de la misma forma. "Lo que nadie puede discutir es que la iglesia llegó a aquí antes que el Estado, antes aún de la fundación de Panamá. No pueden negar nuestros derechos", informa el párroco, que ahora, para dar misa, debe hacerlo en un centro de capacitación, sin altar, que más que un templo parece una oficina.

Más allá de las discusiones, hay algo que queda claro: la Historia, en Panamá, no parece algo que valga la pena respetar. Los monumentos históricos se derrumban, o se arreglan mal o se saquean. Un país sin memoria es también un país sin futuro. En San Francisco, los vecinos están atentos.


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