Rubén desafinó
Rubén debe hacer una reflexión y sacar esos arranques de su carácter, arranques que le hacen mal y dañan su imagen José Quintero De León
jquintero@prensa.com
Muchos que conocimos en su juventud alegre y risueña al hoy archifamoso cantautor panameño Rubén Blades Díaz, nos sorprendimos con la rabieta que tuvo ayer en un programa de televisión, lo que le retrató como un hombre necesitado de buenos modales y relaciones humanas para proyectar una imagen positiva y de confianza ante el país.
Blades nos decepcionó ayer cuando se presentó con su colaboradora Liriola Pittí, ex gerente del Instituto Panameño de Turismo (IPAT), al programa Debate Abierto, que conduce el periodista Alvaro Alvarado, para conversar de planes de turismo.
Si bien ese era el tema central del debate, Blades debió comprender que la señora Pittí, por su experiencia, no solo podía hablar del tema turístico, sino del político dada su calidad de dirigente del Partido Arnulfista.
Debió ser un poco tolerante cuando Alvarado y su compañero Milton Henríquez la abordaron para inquirirle por la reestructuración de su malparado colectivo político.
Pero he aquí que la situación no fue bien tolerada por un molesto y disconforme Blades, que a los pocos minutos explotó y cortó ese diálogo.
Todos los que observábamos el programa quedamos pasmados ante lo que no pudo calificarse de otro modo que una perfecta grosería del Rubén que todos esperábamos se condujera como un auténtico funcionario de gobierno.
Lo que les dijo a los que integraban la mesa de debate fue una gaznatada que ellos, por cortesía, prefirieron obviar.
Pero tal descortesía hizo que los panelistas comprendieran que el flamante gerente del IPAT no ha evolucionado y que sus actitudes altisonantes reflejan, tal vez, una frustración o una inadaptación a su nueva labor.
Rubén, a quien muchos admiramos y queremos por ser el cantor moderno de la patria y del barrio, debe cambiar su actitud. Ahora es un gerente con rango de ministro y su manejo debe ser más educado, más cauto, sobre todo cuando se presenta a un evento público y su acompañante es una dama como la señora Pittí.
Rubén debe hacer una reflexión y sacar esos arranques de su carácter, arranques que le hacen mal y dañan su imagen, que no es la de un ministro común, sino la de un ministro de Turismo.
El autor es periodista
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