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Turismo

París según ‘El código Da Vinci’

Roberto Quintero
rquintero@prensa.com

KRT Direct

El museo de Louvre es un importante destino turístico de París, y justo donde se inicia la novela del escritor norteamericano Dan Brown.

Más allá de si el libro es bueno o malo, de si es un interesante thriller basado en una acuciosa investigación histórica o un simple divertimiento interesante, pero lleno de imprecisiones históricas; la popularidad de El código Da Vinci es tal que ya no solo es Dan Brown, su autor, el que está lucrando de él.

No importa que el Opus Dei lo critique y la Iglesia lo condene, la gente lo ama y el libro se ha vuelto un fenómeno de masas capaz de arrastrar a sus seguidores a querer vivir la aventura en carne propia.

Y es allí donde han entrado las agencias de turismo de París, que al ver la reacción de la gente no han dudado en ofrecer un servicio a la medida de su curiosidad.

“Después de que unas 30 personas me hubiesen preguntado ‘¿es aquí donde asesinaron a Saunière [personaje de la novela]?’, me dije ‘¡vaya!, la gente está empezando a venir al [museo] Louvre después de haber leído El código Da Vinci. ¿Por qué no aprovechar este interés?”, comentó a Reuters la fundadora de la agencia París Muse, Ellen McBreen.

Luego de haber presentado el recorrido por primera vez en febrero de este año, ahora la agencia de turismo repite la ruta al menos unas 100 veces al mes, ante un público mayoritariamente estadounidense

Lo cómico del asunto está en que son muchos los fanáticos que se dejaron llevar por las “verdades” del libro, y al llegar a París “se desayunan con la mezcla de realidad y ficción que el autor combinó”, informa vía internet el diario argentino El Clarín.

Por ejemplo, "La Gioconda" no está donde supuestamente debería estar, y muchos otros detalles descritos en la novela sencillamente brillan por su ausencia. Pero, ¿se incomoda la gente al descubrir la estafa?

Pues no. Al menos para Laura Naramore, una estadounidense residente en París, no es problema. Y como ella, según informa la web, hay muchos que no se quejan, todo lo contrario.

“La ruta de El código Da Vinci ha sido la única experiencia revitalizante que he vivido en un museo”, comentó Laura a Reuters.

Y, tal vez por aquello de que “el cliente siempre tiene la razón”, los operadores turísticos se esfuerzan por darles a los visitantes aquello que fueron a buscar.

Al menos Ellen McBreen, quien además de dedicarse al turismo es historiadora del arte licenciada en Harvard, cuestiona las teorías plasmadas por Dan Brown, como tantos otros académicos.

Sin embargo, se declara “extremadamente sensible en el respeto al lector y su placer por la lectura”. Incluso anima a los turistas a exponer sus propias hipótesis, “por muy descabelladas que sean”, sin querer plantear un “aburrido debate”. “El recorrido pretende ser una exploración colectiva”.

A la Iglesia también llegan

Se trata del templo Saint Sulpice, otro atractivo turístico parisiense, y una de las locaciones más interesantes que plantea la trama de la novela.

Informa el sitio elmundoviajes.com que el padre Paul Roumanet, encargado de la histórica iglesia, ha visto desfilar por el templo a más de 10 mil personas desde el pasado mes de abril, todas ellas atraídas por el libro.

La encrucijada del cura no es simple. La Iglesia católica no se cansa de condenar el libro por vender blasfemias.

Y sin embargo, él está allí, en el medio de la fanaticada, y con muy buena voluntad los recibe, solo para explicar a los visitantes que no existe el monje albino asesino que describe el libro, entre otras cosas.

Muy por el contrario, los invita a disfrutar de los increíbles frescos de Delacroix que la iglesia atesora, y para ahorrar algo de saliva ha colocado, a la entrada, un cartel que reza: “Contrariamente a lo sostenido en un exitoso libro de reciente publicación, estos no son los vestigios de un templo pagano”.

Lo peor de todo es que la iglesia de Saint Sulpice es la única que no se ha visto beneficiada por El código Da Vinci: No solo sale desprestigiada ante la ficción de Brown —quien logra también que sus lectores cuestionen a la Iglesia católica como institución—, sino que además no recibe ni un centavo por atender a semejante cantidad de invitados.

El sacerdote Paul Roumanet opina que la pasión por la novela es una moda pasajera, y lamenta que el incremento del número de visitantes no haya mejorado “las finanzas de la iglesia, que tan necesitada está de una reforma”, detalla elmundoviajes.com.

Sin duda le hace falta aprender de otros templos del mundo, donde te cobran un dólar hasta por prender una velita y rezar.

¿Qué va a pasar ahora?

Mientras en París no dejan de sonreír, tocados por la gracia de Dan Brown, se espera que el fenómeno turístico crezca ante la “casi segura” versión cinematográfica que ofrecerá Columbia Pictures, bajo la dirección de Ron Howard y con Russell Crowe como protagonista.

Por otro lado, con la segunda parte del libro en camino (y las muchas otras secuelas que sin duda vendrán), ciudades como Londres, Washington, Edimburgo “se rifan como escenarios de las futuras novelas” de este genio del thriller.

¿Cuál será la próxima bendecida por las ambigüedades de Dan Brown? Pronto se sabrá.


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