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Sociedad

¿Picante o no para los malhablados?

La nalgada ha pasado a la historia entre muchos padres que optan por una moderna versión del jabón en la boca

Natalia Martín Cantero
De EFE

KRT Direct

El picante en la lengua es una manera popular de disuadir a los niños de decir palabrotas.

La práctica de aplicar salsa picante a la lengua de los niños maleducados cada vez cuenta con más seguidores en EU, que disponen incluso de páginas web y libros que animan a este castigo denostado por muchos expertos y padres.

El azote en las nalgas ha pasado a la historia entre muchos padres estadounidenses que optan por una moderna versión del jabón en la boca para recordar a sus vástagos que no se deben decir palabrotas, morder al hermano o contar mentiras.

Una de las principales exponentes de este polémico método es Lisa Whelchel, actriz de la popular serie de los años 80 The facts of life y autora del libro Corrección creativa: ideas extraordinarias para la disciplina cotidiana, en el que defiende el uso del tabasco, zumo de limón o vinagre para escarmentar a los pequeños.

Whelchel, madre de tres niños, abunda en sugerencias educativas "sui generis", como esconder el juguete (por ejemplo) que el niño se resiste a guardar.

O, cuando el niño se niega a dar la mano al adulto para cruzar la calle, Whelchel recomienda decir a la criatura: "Puedo agarrarte de la mano o de los pelos".

La discusión ya ha llegado a revistas especializadas y sitios de internet, sobre todo desde que el diario The Washington Post publicase un largo artículo al respecto en el que informaba de que algunas guarderías estadounidenses han recibido sanciones por emplear este método.

En Virginia, la Agencia de Protección de Menores descalifica esta táctica disciplinaria, a la que coloca a la altura que otros métodos que hoy por hoy parecen antediluvianos, como encerrar al niño en el armario u obligarlo a permanecer arrodillado en gravilla.

Jeff Moody, residente en San José (California) y padre de dos niñas de dos meses y un año y medio, respectivamente, recuerda que de pequeño sus padres le pusieron una barra de jabón en la boca para quitarle las ganas de decir palabrotas, algo que, según dice a EFE, "funcionó muy bien".

Para Olvido Monreal, la idea de aplicar salsa picante es "retorcida y cruel. Una palmada en el trasero a tiempo es mucho más sana", señala esta madre de dos niños de dos y cuatro años.

Los fabricantes de tabasco, la marca que por su popularidad ya se identifica con el producto, manifestaron al citado diario su desacuerdo con este uso tan ajeno al pretendido originariamente, y recordaron que la explosiva salsa puede quemar el esófago, causar alergias e inflamaciones en la lengua, entre otras molestias.

Whelchel no parece acobardarse ante las consecuencias y en su manual justifica las estrictas prácticas disciplinarias que favorece con citas de las Escrituras, como: "La boca de los justos trae sabiduría, pero una lengua perversa ha de ser cortada".

Es precisamente en algunos círculos cristianos donde la discusión se ha puesto al rojo vivo.

La revista Christian Woman Magazine ya recomendaba tres años atrás utilizar unas gotas de salsa picante, jabón o vinagre blanco para los niños respondones, y subrayaba las conexiones bíblicas entre la mentira y la lengua.

Tim Kimmel, autor de un libro de educación inspirado en las enseñanzas evangélicas, indica que sólo porque algo funcione no significa que sea una buena idea.


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