Panamá, 5 de septiembre de 2004
 
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En EU, fundamentalismo y política

El Partido Republicano está cortejando agresivamente al bloque católico y es seguro que el voto religioso le hará mucho daño a Kerry

Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

WASHINGTON, D.C. –Hoy comienza la campaña presidencial de 2004 en Estados Unidos (EU). Lo visto antes era solo el preámbulo.

La tradición estadounidense es que la campaña no empieza en serio hasta el primer fin de semana de septiembre, conocido como Labor Day Weekend (fin de semana del “Día del Trabajo”). También, por tradición, se considera que la campaña no ha comenzado de verdad hasta que ambos partidos han formalizado la selección de sus candidatos mediante sus respectivas convenciones; en el Partido Republicano esto no ocurrió hasta el jueves pasado.

Aunque los demócratas se lamentaron de que su convención no le había producido a John Kerry el “brinco” (“bounce”) en las encuestas que ellos esperaban, Kerry estaba empatado con el presidente George W. Bush en los últimos días de agosto. (Ver columna del domingo pasado). Pero la convención republicana sí le dio a Bush un gran salto a la delantera, poniendo a Bush con 54% de respaldo y a Kerry con solo 43% (si se deja por fuera a Ralph Nader, candidato independiente).

Esa enorme ventaja se refleja en casi todos los renglones de la encuesta publicada ayer por la revista Newsweek. Según ella, los estadounidenses piensan que Bush tienen mayor don de liderazgo que Kerry (65% a 47%), más honradez (66% a 42%), mayor capacidad para tomar decisiones en momentos de crisis (57% a 44%), mejor plan para Irak (48% a 37%), mejor dominio de política exterior (54% a 38%), mejor manejo económico (49% a 43%) y mejor plan contra el terrorismo (60% a 32%). Kerry sale adelante solo en su defensa del ambiente y en su esfuerzo por mejorar el sistema de salud.

Sin embargo, esa misma encuesta muestra que 49% de los estadounidenses está “insatisfecho” con la situación del país (43% satisfecho) y que la economía y la guerra de Irak, como expuse la semana pasada, son los puntos débiles para Bush (en estas áreas, su índice de aprobación está por debajo del 50%).

Para muchos estadounidenses, no obstante, la fe pesa más que cualquier análisis de los hechos, porque el factor más importante para predecir la afiliación partidista de una persona es la frecuencia con que ella asiste a servicios religiosos. Los que asisten una vez por semana o más son primordialmente republicanos; los que asisten menos frecuentemente tienden a ser demócratas.

Y entre los estadounidenses de fervor religioso, los llamados born-again Christians (cristianos evangélicos) son particularmente leales al Partido Republicano. Es un bloque enorme, porque un 45% de los estadounidenses se auto-identifica como born again Christian. Aun más significativo para efectos políticos, 26% del electorado es evangélico de raza blanca. Ese es un pilar de apoyo sólido e irrevocable para Bush, defensor de los valores culturales de importancia para los evangélicos blancos: contra el aborto, homosexualidad, matrimonio gay, pornografía, control de armas, etcétera.

“Los blancos evangélicos son 26% de los votantes registrados –un segmento bastante grande– y el sondeo muestra que ellos están muy contentos con los republicanos”, dijo un encuestador al diario Washington Times. Este explicó que la fuerza de los blancos evangélicos es mucho mayor que la del voto hispano y hasta se gana por amplio margen al poder combinado de los hispanos y los negros, que solo suman un 17% de los votantes registrados. En otras palabras, el voto hispano –que tantos han pregonado como factor decisivo en esta elección– se queda chiquito contra el voto evangélico.

Este bloque evangélico incluye al propio Bush, quien se describe como un born-again Christian cuya fe cristiana le permitió vencer el alcoholismo. Sea por sinceridad o estrategia política, Bush frecuentemente habla de Dios y de la estrecha relación que él dice tener con el Señor. Además de comenzar con rezos cada día de trabajo en la Casa Blanca y cada reunión de gabinete, Bush ha dicho que “Dios quiere que yo sea presidente” y que “con Dios a nuestro lado, triunfaremos sobre Irak”.

Lo curioso es que Kerry es católico, bloque que también constituye 26% del electorado estadounidense, pero que no lo ayuda mucho. Kerry no puede usar su religión como arma política –aunque quisiera hacerlo– porque su defensa del derecho al aborto ha hecho que la Iglesia católica se oponga abiertamente a su candidatura, al punto que algunos obispos han declarado públicamente que no le darán la comunión. Ante eso, el Partido Republicano está cortejando agresivamente al bloque católico y es seguro que el voto religioso le hará mucho daño a Kerry.

Habrá quienes piensen que así lo quiere Dios.

La autora es corresponsal de La Prensa


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