Los secretos del bollo preñado
Alfreda Tenorio vende diariamente de 40 a 50 bollos preñados
Omar RodrIguez
ESPECIAL PARA LA PRENSA
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LA PRENSA/O. Rodríguez. |
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Uniendo la masa de maíz y la carne de pollo o cerdo se hace el bollo preñado.
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PENONOMÉ, Coclé. — Un café negro o con leche y un delicioso bollo preñado para acompañarlo es una tentación que no resiste cualquier paladar.
Populares y muy gustados son los que se hacen en La Chorrera; sin embargo, en los últimos años Penonomé ha ganado fama en la confección de este platillo tan centenario como la República.
Varias son las familias que se sostienen gracias a la elaboración del bollo preñado que está incluido en la lista de artesanías de consumo.
Alfreda Tenorio, una reconocida artesana penonomeña, comparte los secretos de la elaboración de un buen bollo preñado.
Insumos
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Los bollos ya listos, saliendo de la paila para la
venta.
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El maíz nuevo es el insumo principal. Las mazorcas son separadas de sus hojas el día anterior y se dejan listas para recortar, al día siguiente, los granos de maíz.
La señora Alfreda y su familia empiezan la tarea a las 2:00 de la madrugada.
Con un cuchillo van recortando los granos de maíz de la mazorca. Luego los muelen y preparan la masa. Entre el recorte de los granos y la preparación de la masa no debe pasar mucho tiempo porque adquiere mal sabor.
A la masa se le pone un punto de sal y otro de azúcar.
En un recipiente aparte se prepara la carne que “preñará” los bollos. Puede ser de pollo o puerco. Guiso, gallinita, caldo rika y algo de ajo son los aderezos que se usan para darle sabor a la carne. En vez de pasta de tomate se usa achiote.
Una vez lista la carne y la masa, se van echando en los capullos de maíz que han sido sacados previamente.
Un poco de masa, luego la carne y otro poquito de masa arriba, es el procedimiento adecuado.
A medida que los capullos se llenan se amarran con hilos de saco hasta dejar los bollos listos para pasarlos a la paila donde se cocinan a fuego vivo por una hora y media.
Al cabo de ese tiempo, humeantes, olorosos y apetitosos van saliendo uno a uno de la paila, listos para ser enviados al mercado de Penonomé donde desaparecen con celeridad.
Demanda
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El trabajo se inicia en la tarde anterior, cuando
el maíz se extrae de la mazorca.
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Alfreda Tenorio vende diariamente de 40 a 50 bollos preñados. Los fines de semana la oferta aumenta a 100 unidades.
Al igual que ella, otras artesanas se dedican a la elaboración de productos derivados del maíz.
La demanda es grande; los propios penonomeños son los principales clientes, pero también vienen personas de otros puntos de la República a buscar los populares bollos.
“Vienen clientes de Chitré, incluso de La Chorrera porque dicen que los bollos preñados más deliciosos se hacen en Penonomé”, comenta orgullosa Alfreda.
Duro trabajo
Sofocado por el calor del fogón y en medio de una cortina de humo, Everardo Arias, esposo de Alfreda, reconoce la dureza del trabajo.
Sin embargo, agrega que, "tenemos que hacerlo porque esta es nuestra forma de ganarnos honradamente la vida".
Alfreda va un poco más allá. Con el dinero que se gana haciendo y vendiendo bollos, no solo ha criado a sus hijas. También las ha educado hasta llevarlas a la universidad.
“Tal vez cuando ellas se gradúen y consigan trabajo dejaré de hacer lo que vengo haciendo desde hace 19 años”, asevera la artesana.
Los bollos preñados, al igual que las frituras, los huevitos de leche, los dulces de pepita de marañón, las rosquitas de harina y otros productos similares están clasificados dentro de las artesanías de consumo.
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