El asesino que nunca atacó
Investigaciones de la PTJ confirman que no existen patrones similares en las muertes de las tres mujeres
JOSE OTERO y
RAFAEL LUNA N.
planas@prensa.acom
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MI DIARIO/Pastor Morales
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Agentes policiales con rostros cubiertos cargan
el cadáver, sin identificación, de una mujer asesinada y arrojada en
un paraje boscoso de Gamboa. |
Está comprobado que los homicidios no son tan comunes en el Panamá de la última década. Apenas se registra un promedio de 0.03 casos por hora, según cifras del Comité Nacional de Análisis de Estadística Criminal, a noviembre de 2003. Menos comunes son los asesinatos cuyas víctimas son mujeres y, menos aún, aquellos en que las motivaciones no están ligadas a la violencia intrafamiliar, las drogas, reyertas callejeras o asuntos pasionales.
Se ha confirmado también que son mínimos los reportes de mujeres desaparecidas, aunque la Policía Técnica Judicial (PTJ) registra entre 15 ó 20 casos semanales de personas que abandonan sus hogares debido a múltiples razones, y sus parientes las denuncian como extraviadas por desconocimiento de esos motivos.
De allí la incertidumbre desatada entre la ciudadanía durante las últimas semanas como consecuencia de la muerte de tres mujeres, la supuesta desaparición de otras 11 y, sobre todo, por las presuntas operaciones de un asesino en serie.
No hay vínculos
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El vehículo fúnebre del Ministerio Público
aguarda el cuerpo de la empleada doméstica Luzmila González, estrangulada
y abandonada entre unos matorrales en Veracruz. |
Aunque a simple vista dichos casos parecieran guardar cierta relación por tratarse de víctimas femeninas mayores de 30 años de edad, y pese a que despiertan suspicacias debido a que el hallazgo de los cadáveres ocurrió en zonas boscosas, las experticias preliminares dan cuenta de que no hay vínculos entre los decesos y, mucho menos, entre éstos y las desapariciones. Hasta ahora, estas escasas similitudes no son más que meras coincidencias, según explicó Hermelo Altamiranda, jefe de Homicidios de la PTJ.
En el caso de estas tres muertes, agregó Altamiranda, las evidencias recabadas indican que no existe un patrón determinado en cuanto al modus operandi aplicado por el o los homicidas, y en el de las desapariciones, incluso, que no se trata de registros en serie, cronológicos, pues de hecho 7 de las 11 supuestas víctimas ya regresaron a sus hogares o declararon ante la propia PTJ su intención de no hacerlo.
Uno de los elementos que ha llamado la atención en este caso tiene que ver con el hecho de que dos de las víctimas tenían arreglos dentales: Luzmila Leticia González, de 32 años, y la mujer cuyo cuerpo fue localizado en Gamboa, que todavía
no ha sido identificada.
Noriel Chan, odontólogo forense del Instituto de Medicina Legal, ha señalado que la primera víctima llevaba una costosa prótesis con varias piezas de porcelana, y la segunda algunas amalgamas metálicas y una prótesis, también con piezas de porcelana, concretamente para los incisivos superiores. Pero es que entre 40% y 50% de la población panameña, incluyendo las clases sociales de escasos recursos económicos, ha recibido alguna vez en su vida tratamiento de rehabilitación oral o colocación de prótesis, según cálculos de especialistas del área.
Tres muertes, dos homicidios
La primera de las víctimas, de raza blanca, cabello rubio o castaño claro y estatura media, de más de 30 años de edad, fue localizada el pasado 4 de junio en un terreno abandonado, cercano a la vía que conduce hacia el Centro Penitenciario El Renacer, en Gamboa, en las riberas del Canal de Panamá.
El cuerpo tenía exposición parcial de huesos, sobre todo en la parte superior, incluyendo el rostro. Las extremidades inferiores estaban cubiertas por un pantalón de lycra blanco. Además, los forenses le apreciaron orificios de entrada y salida en la cabeza, ocasionados por el paso de un proyectil.
En el sitio del hallazgo, la policía halló una botella de la cerveza colombiana marca Aguila, un par de sandalias, un peine blanco, y una cinta adhesiva de color rosado fluorescente, pegada a una planta cercana al cadáver.
De acuerdo con el protocolo de autopsia, el cuerpo presentaba una data de muerte de cerca de 192 horas. La causa del deceso fue un disparo en la cabeza. La necropsia reveló que la víctima, que en vida había sido sometida a una histerectomía total, no presentó signos de violación ni otras lesiones.
Entre tanto, a la segunda de las ejecutadas se le halló el lunes 7 de junio en unos matorrales ubicados a lo largo de la vía de acceso al corregimiento de Veracruz. Fue descrita inicialmente como de tez trigueña, cabello largo, de aproximadamente 1.48 metro de estatura y rasgos indígenas. Días más tarde se le identificó como Luzmila Leticia González Gaitán, de 32 años de edad.
El cadáver yacía en posición de decúbito ventral, con una data de muerte aproximada de 72 horas, vestida con un pantalón blue jean, blusa azul claro y sandalias negras. Según la necropsia de ley, la mujer fue estrangulada y recibió además un par de severos traumatismos en la cabeza. No presentó signos de violación.
Nacida en Veraguas en 1972, Luzmila Leticia González vivía en la capital desde hace 11 años y últimamente trabajaba como empleada doméstica en la residencia de un reconocido odontólogo quien, casualmente, fue quien le realizó los implantes dentales.
La mujer viajaba casi todos los fines de semana a Veraguas, con la intención de visitar a sus padres. La última vez que la vieron con vida fue el sábado, 5 de junio, precisamente cuando salió de la casa de sus patronos, rumbo al interior de la República.
La tercera de las víctimas, por otro lado, fue hallada el pasado lunes, 14 de junio, en las riberas del Río Chagres, en la población de Chilibre, con una data de muerte de aproximadamente 72 horas. Fue identificada como María de la Cruz Castillo, de 38 años de edad, quien había sido reportada como desaparecida por sus familiares el viernes inmediatamente anterior.
Según el informe de la autopsia, la causa del deceso fue asfixia mecánica por sumersión. El cuerpo no presentó ninguna otra lesión visible. Castillo también había sido sometida en vida a una intervención quirúrgica para la extracción de la matriz y los ovarios. No fue violada.
En este caso, la PTJ no ha establecido si se trata de un homicidio, una muerte accidental o un suicidio. De hecho, en el sitio de la localización del cadáver los peritos forenses e investigadores no hallaron indicios de interés criminalístico que les permita presumir que se trató de un asesinato.
Parientes de la víctima informaron a los detectives que ésta sufría de cuadros depresivos crónicos, que la impulsaban a caminar sin rumbo fijo.
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