Para acabar con 'deudas odiosas'
Si la doctrina de deudas odiosas ha llegado demasiado tarde para Panamá, por lo menos hay la esperanza de que otros pueblos oprimidos no pasen por lo mismo
Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com
WASHINGTON,
D.C. -Hace un mes abrí el Washington Post y me encontré con una
figura que para mí es heroica. No estaba en la primera plana del
Post, ni en las "Planas" de noticias. Curiosamente, el artículo
estaba en la sección "Style" ("Estilo"), que normalmente contiene
reportajes sobre la moda y otras frivolidades. Por razones que no
puedo explicar, allí habían puesto un artículo sobre Shirin Ebadi,
premio Nobel de la Paz en 2003. La foto de una señora vestida con
mucha sencillez acompañaba el artículo, y el pie de foto explicaba
que el día anterior ella se había presentado a la sede del Banco
Mundial con un mensaje igualmente sencillo: "No le presten a dictadores".
Al presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn,
no le gustó ese mensaje. Una segunda foto lo mostraba con cara de
enojo, hundido en su silla, mientras Ebadi daba un discurso ante
los funcionarios del Banco Mundial.
El Washington Post resumió así el mensaje de Ebadi:
"No le presten a regímenes corruptos o tiránicos para luego exigir
que el pueblo pague la cuenta. Presten solo para proyectos que beneficien
al pueblo, no a los gobiernos. Hagan una auditoría de derechos humanos,
califiquen el progreso de cada país, y premien solamente a aquellos
gobiernos que estén avanzando en cuanto a los derechos humanos.
Si ustedes les prestan a gobiernos dictatoriales, cuando estos se
caigan -y siempre se caen- el pueblo sentirá odio por ustedes. Es
así de sencillo". (El discurso completo está disponible en video
en http://info.worldbank.org/etools/docs/voddocs/63/1105/hi.htm).
Pese al disgusto evidente del presidente del Banco
Mundial, el Post reportó que los funcionarios del Banco se pusieron
de pie para ovacionar a Ebadi. Con esta columna, me pongo metafóricamente
de pie para unirme a esos aplausos. Tengo muchos años de estar objetando
que las instituciones financieras internacionales presten dinero
a dictadores, bajo el cómodo arreglo que los pueblos oprimidos tendrán
que pagar el precio de su propia opresión. Aunque ese argumento
no encontró eco alguno por mucho tiempo, el año pasado descubrí
que dos profesores de Harvard han desarrollado una "doctrina de
deudas odiosas" que plantea que las deudas incurridas por un régimen
ilegítimo no serán transferidas al gobierno sucesor. (Columna del
11 de mayo de 2003).
Ahora, con el respaldo de una premio Nobel, esa
doctrina adquirirá la resonancia que merece. El miércoles pasado,
el New York Times publicó un artículo de opinión escrito por Ebadi,
en el que ella expuso su posición en uno de los foros más amplios
del planeta.
"Prestarle dinero a tiranos es fortalecerlos y hacerse
cómplice de sus atropellos a los derechos humanos... Prestarle dinero
a un dictador es esclavizar a su pueblo, quien deberá pagar ese
dinero -con intereses- cuando el dictador se haya ido", escribió
Ebadi en el Times.
Prestarle a dictadores, continuó Ebadi, priva de
fondos a los gobiernos democráticos de países pobres, que son más
merecedores de la ayuda. Como el Banco Mundial no tiene capital
ilimitado, prestarle a gobiernos ilegítimos y abusivos es -para
los efectos prácticos- "darle prioridad a las dictaduras -frecuentemente
cleptómanas- antes que las democracias hayan recibido todo lo que
necesitan".
Ebadi rechaza la idea de que las dictaduras puedan
brindarle beneficios económicos al pueblo. En primer lugar, sostiene
la premio Nobel, ninguna dictadura puede alcanzar desarrollo sostenible
sin respetar los derechos humanos y oxigenarse de las libertades
esenciales al desarrollo. Además, las dictaduras jamás se someten
a la clase de fiscalización ciudadana que podría evitar que los
fondos prestados terminen en el bolsillo del dictador y sus secuaces.
Y en tercer lugar, prestar dinero a las dictaduras tiene el efecto
de fortalecerlas, lo que a su turno provoca mayores abusos de derechos
humanos y por lo tanto estimula una espiral de retroceso, no de
avance.
Todo esto lo vivimos en Panamá, donde la dictadura
gozó por décadas de un generoso financiamiento internacional y nos
dejó con la deuda per cápita más elevada del hemisferio. Cuando
el gobierno de Guillermo Endara llegó al poder, el derecho internacional
era claro en exigir que todo gobierno reconociera las deudas de
su antecesor, por ilegítimo que este hubiera sido. No hubo alternativa
de que Panamá así lo hiciera.
Pero si la doctrina de deudas odiosas ha llegado
demasiado tarde para Panamá, por lo menos hay la esperanza de que
otros pueblos oprimidos no pasen por lo mismo. Con la voz de la
premio Nobel Shirin Ebadi liderando el coro, al fin veo la posibilidad
de hacernos escuchar.
La autora es corresponsal de
La Prensa
Además en opinión
. ¡Que renuncien!:
I. Roberto Eisenmann, Jr.
. Se les apareció
la Virgen: Jorge Eduardo Ritter
. Para acabar con 'deudas
odiosas': Betty Brannan Jaén
. Reflexiones sobre
el día del padre: Carlos Arango Jr.
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