Panamá, 4 de abril de 2004
 
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Washington vigila elecciones en Latinoamérica

Para nada estoy lamentando la derrota en sí del FMLN, pero sí deploro la interferencia estadounidense en la campaña salvadoreña

Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

WASHINGTON, D.C. -Quienes aseguran que Washington siempre manipula las elecciones en Latinoamérica, tienen a mano la confirmación de sus peores sospechas. El diario Washington Post, entre otros medios estadounidenses, reportó la semana pasada que el gobierno de George W. Bush "se involucró desvergonzadamente" en las recientes elecciones de El Salvador, con el fin de obstaculizar "que las democracias de la región se inclinen hacia la izquierda". Dentro de ese marcha hacia la izquierda, la columnista Marcela Sánchez del Post incluyó a Martín Torrijos en la lista de candidatos "izquierdistas" o "progresistas" que probablemente triunfarán en las próximas elecciones.

Veo en esto tres temas que debo explorar: 1) Si Washington ha intervenido en las recientes elecciones de países vecinos, por lo que debemos anticipar lo mismo en las nuestras. 2) Si es correcto tildar a Martín Torrijos de "izquierdista" o "progresista". 3) Si Washington tiene algún candidato preferido en la campaña actual en Panamá. Noté que en diciembre y enero, en este diario, hubo una serie de artículos en que los aliados de Torrijos y Alemán se disputaban quién tiene el respaldo de Washington.

Esto me dará tarea para tres columnas consecutivas, por lo que comienzo hoy con un repaso de lo que acaba de ocurrir en las elecciones salvadoreñas. Mi punto de partida es una columna que escribí el 1 de mayo de 1994, en la que analizaba si Washington tenía algún candidato preferido en las elecciones panameñas de ese año. Aunque yo había sospechado que los carteristas en el gobierno de Bill Clinton sentían un torrijismo latente que los ataba a Ernesto Pérez Balladares, todas las fuentes que consulté en Washington me insistieron en que estaba equivocada en esa tesis. Y cuando fui a una conferencia de prensa en el Departamento de Estado para preguntarle al vocero de entonces, Michael McCurry, si el Gobierno estadounidense estaba respaldando alguno de los candidatos panameños, este respondió (con lo que los estadounidenses llaman a straight face, o sea, sin aparente ironía) que "Estados Unidos no interfiere en las elecciones de otros países".

Pero si el gobierno de Clinton se afanó por proteger la ilusión de que Estados Unidos no interfiere en las elecciones de otros países, al gobierno de Bush no le da pena entrometerse abiertamente. En El Salvador, los dos candidatos eran el derechista Tony Saca del Partido Arena (partido oficialista) y el ex guerrillero comunista Schafik Handal del Frente Farabundo Martí (FMLN). Aunque, según entiendo, las encuestas generalmente indicaron que Handal no llevaba chance, los republicanos de Washington sintieron que era necesario que ellos tomaran cartas en el asunto.

Medios estadounidenses informan que el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, advirtió en San Salvador que los votantes salvadoreños tendrían que ponderar "qué clase de relación desean que un nuevo gobierno tenga con nosotros". En la misma onda, Otto Reich, funcionario de la Casa Blanca, dio una conferencia de prensa por teléfono en las oficinas del Partido Arena, en la que dijo estar preocupado por lo que un triunfo del FMLN significaría para "las relaciones económicas, comerciales y migratorias" con Estados Unidos. Junto a las declaraciones de algunos congresistas republicanos, esa referencia a "relaciones migratorias" fue interpretada como una advertencia de que una victoria del FMLN pondría en peligro las visas de trabajo para obreros salvadoreños y las importantes remesas que estos trabajadores envían a su país. Hasta hubo comerciales por televisión en que un joven salvadoreño en California llamaba por teléfono a su mama en El Salvador y le decía, "Estoy preocupado, mami, porque si gana Handal me podrían deportar y entonces no recibirás las remesas que ahora te mando". Ante eso, Handal perdió por un margen abrumador.

Para nada estoy lamentando la derrota en sí del FMLN, pero sí deploro la interferencia estadounidense en la campaña salvadoreña. Por un lado, los salvadoreños -no menos que los panameños- deben tener el derecho de elegir a sus gobernantes libremente, independientemente de que el resultado complazca a Estados Unidos. Y por otro lado, es esencial que Washington aprenda que a largo plazo lo que más convendrá a sus intereses es el fortalecimiento del sistema democrático en Latinoamérica, por encima de una manipulación incesante y casi siempre basada en razonamientos estúpidos.

¿Debemos temer que la interferencia estadounidense que se dio en El Salvador ocurra también en Panamá? Hay quienes opinan que sí lo debemos temer y que ya está ocurriendo. Eso lo exploraré en las próximas dos columnas.

La autora es corresponsal de La Prensa

Además en opinión

. De la B a la B: Guillermo Sánchez Borbón
. Del pacto ético electoral a 'Sala de parejas': Jorge Eduardo Ritter
. Washington vigila elecciones en Latinoamérica: Betty Brannan Jaén
. La crónica del Gólgota: Demetrio Olaciregui Q.





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