Panamá, 4 de abril de 2004
 
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De la B a la B

Yo no tengo nada contra los ignorantes, pero sí tengo, y mucho, contra los ignorantes con poder

Guillermo Sánchez Borbón

Cuando ya creí haberlo oído todo, viene el adalid de la empresa privada panameña y lanza una arenga anarcomanchesteriana, no por inesperada menos sensacional. Bennet exigió la abolición inmediata del Estado. Por decir cosas mucho más moderadas, pasaron largos períodos presos los queridos camaradas Kropotkin, Bakunin et. al. Yo mismo tuve que aguantarme los más terribles insultos de ERSA y demás amanuenses de los gorilas, por haber escrito que en la pelea entre Marx-Engels con Bakunin, éste último tenía la razón. Y todo el que conoció a Kropotkin lo ha llamado desde "hombre absolutamente puro" hasta "santo ateo", términos que nadie -ni siquiera los beatos del materialismo dialéctico- empleó jamás para definir a Marx. Todos los que lo conocieron -aun sus partidarios- estaban de acuerdo en que era una mala persona.

Sea de ello lo que fuere, digamos "aleluya" y "Bienvenido Mr. Marshall, digo, Mister Bennet, a las filas de los verdaderos revolucionarios. ¡Abajo el Estado!".

****Rubén Blades aconsejó a sus partidarios -reales o imaginarios- votar por Martín Torrijos, porque "es un buen pelao". Es lo que no se cansaba de decir Bárbara Bush de su hijito. Este otro buen pelao demostró serlo (como nos contó su ex secretario del Tesoro, O'Neil), hablando hasta por los codos en su primera semana como presidente de invadir a Irak (cosa que hizo con el pretexto de que el ñame de Husein tenía un pavoroso arsenal de armas de destrucción masiva, armas que nadie ha podido encontrar hasta ahora seguramente porque nunca existieron). Cuando Richard Clark, jefe de la oficina de contraterrorismo, trató de convencerlo -también desde la primera semana de su gobierno- de que el verdadero peligro para Estados Unidos lo representaba al qaida, Jorgito se hizo el sordo. Y no recuperó el oído hasta el 11 de setiembre del 01. Por último, el nuevo presidente tuvo que rendirse a las evidencias, pero como no quiso renunciar al juguete de Irak, unió a los enemigos en uno solo: al qaida operaba desde Irak con el beneplácito del querido Husein, quien ordenó a sus aliados el derrumbamiento de las torres gemelas.

Yo no tengo nada contra los ignorantes, pero sí tengo, y mucho, contra los ignorantes con poder. El híbrido creado por la imaginación de Jorgito era una imposibilidad política: Husein presidía un régimen secular absolutista y al qaida quiere instaurar una teocracia en Irak, en los otros países árabes, en todo el orbe musulmán y más allá. Y además, se propone matar a todos los infieles del mundo entero (entre los que figuras tú, desde luego).

A mí (y estoy seguro de que a Bennet también) me parece, nos parece, un programa bastante modesto y razonable. Pero Bush no se detiene ante ningún disparate. Arrastró a su país a "su linda guerrita", que ya cumplió su primer añito de edad. No es tan linda como parecía, y ha metido a los gringos en un lío del que nadie sabe cómo van a desintrincarse.

Clinton dejó a Estados Unidos con un superávit de 500 mil millones; el déficit de Jorgito ya va por los 400 mil y contando. Y ha insistido en rebajarle sus impuestos a los muy muy ricos, entre otras consideraciones de mayor o menor peso, porque los pobres pagan muy pocos impuestos, cosa que toda su vida había sospechado Bennet.

Pero Jorgito es un buen pelao, y estoy seguro de que Martín también lo es. Frente a los peligros nuevos hay que rezar oraciones también nuevas "Señor: guárdame de los buenos pelaos, que de los malos me guardo yo".

En Estados Unidos hay una tradición: una vez al año el presidente se reúne con los periodistas y les habla en broma. Recuerdo a Clinton en su última conferencia de prensa, la del estribo. La cámara lo enfoca en el momento en que le cede la palabra a la decana de los reporteros presidenciales. Esta despierta sobresaltada de un profundo sueño y le pregunta al presidente "¿Todavía no te has largado?". Lo gracioso de la escena es que ella, que siempre ha trabajado como corresponsal en la Casa Blanca, cometió el imperdonable error de decir que había cubierto (esto en el patio suena muy obsceno, no así en el mundo de la política) a todos los presidentes (creo que desde Kennedy, pero no estoy completamente seguro desde cuál) y a juicio de ella el más inteligente de todos era Clinton, el hombre más odiado por la caverna gringa. Dios sabe lo que le harán. En otra escena se ve a Clinton corriendo para entregarle su almuerzo a Hillary, pero no alcanza al carrazo que la conduce.

Bush, en cambio, es un tipo tan gracioso como Heydrich. La pieza de resistencia de su comicidad fueron unas fotos de él mismo mirando debajo del escritorio y los anaqueles, mientras explicaba a los concurrentes: "Buscando las armas de destrucción masiva", que, como se lo demostró el mayor experto de Estados Unidos en la materia, jamás existieron en la realidad. Pero esta mentira monstruosa, con que Bush arrastró a su país a una guerra que le ha costado la vida a millares de seres humanos de ambos bandos, le pareció al idiota una ocasión de perlas para hacer algunos de los peores (y más pesados) chistes que he oído en mi vida.

Espero que cuando Martincito nos meta en el lío que yo sé que nos va a meter, sus chistes, aunque tan malos como los de Bush (tampoco se le pueden pedir peras al olmo) sean menos indelicados. No nos vaya a presentar una foto suya en overall, al pie de una tumba abierta, con una pala en la mano, y repitiendo el chistecito de su modelo: "Aquí no hay ningún muerto".


Además en opinión

. De la B a la B: Guillermo Sánchez Borbón
. Del pacto ético electoral a 'Sala de parejas': Jorge Eduardo Ritter
. Washington vigila elecciones en Latinoamérica: Betty Brannan Jaén
. La crónica del Gólgota: Demetrio Olaciregui Q.





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