Panamá, 20 de febrero de 2004
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La autenticidad de Norah Jones

Jones batió el récord de ventas por un disco de jazz, con 17 millones de copias en todo el mundo

Esteban Lines
The New York Times

La pianista, cantante y compositora norteamericana Norah Jones ha despejado las dudas que gravitaban sobre su capacidad artística.

Tras su estreno como artista discográfica con aquel Come away with me lleno de aroma jazzy de hace un par de temporadas, la joven música reconoció que se encontraba en un callejón sin salida. Ni le gustaban las obligaciones promocionales, ni la agotadora gira que obligó el éxito de su debut, ni su elevación como estrella en un ámbito mainstream para ella intrínsecamente extraño.

Tras cumplirse una serie de condiciones, según afirma, esta semana apareció en todo el mundo la esperada continuación del mencionado estreno, trece composiciones bajo el título de Feels like home (Blue Note/Capitol). Acompañada de su grupo habitual, presentará el disco en Barcelona el próximo 6 de junio.

La envidia, el desconcierto y las afiladas críticas planean sobre la cabeza de la joven intérprete (Nueva York, 1979) desde que con un disco que la mayoría de los llamados entendidos calificó de inocente, simpático y típico de una principiante, consiguió vender más de 17 millones de copias, ganar ocho premios Grammy y la devoción de un amplio aficionado intergeneracional.

Lo que hace 24 meses fueron juicios condescendientes ahora se han tornado lanzas y Feels like home ha llegado a las tiendas con tomas de posición enfebrecidas. Algunos grandes popes de la crítica no dudan en adjetivarla como "nulidad creativa absoluta" o en decir que "ha abandonado cualquier ambición creativa". Desde el extremo opuesto, las loas son matizadamente elogiosas, a veces más ligadas al encanto personal que a los argumentos musicales.

Si Come away with me entusiasmó a legiones fue debido, en gran medida, a su falta de pretensiones, su autenticidad, su carácter inofensivo, a que era sencillo y a que musicalmente era bueno. Era un disco dirigido a un fan de amplio espectro, de oído no especializado pero sí sensible y agradecido con una voz privilegiada.

Jones además de ser sugestiva vocalista -a años luz, eso sí, de su admirada Billie Holliday- es compositora, pianista y la antítesis de la estrella, ya sea Alicia Keys, Diana Krall o su gran amiga Erykah Badu. Y esta adicción se ha producido en mercados tan sociológica y musicalmente diferentes como Estados Unidos, España, Francia, Japón, Alemania o Gran Bretaña.

"Con este disco quería huir de los excesos extramusicales de Come away with me . Allí me vi sumergida en una locura de obligaciones promocionales, entrevistas, conciertos y giras que me llevaron a pensar si valía la pena seguir en esto", comenta la hija del mítico sitarista Ravi Shankar. "Cuando me embarqué en este nuevo proyecto, pedí reducir al mínimo lo que no tuviera que ver directamente con la música y, sobre todo, hacer el disco que me apeteciera a mí y a mi gente."

En este sentido Norah Jones -que es tan afable como aparece en las fotos y que vive en el West Side de Manhattan con Lee Alexander, su novio desde hace cuatro años y contrabajista de su grupo- tenía las ideas claras: "Deseaba componer las canciones yo misma y también con el resto de los miembros de la banda que en estos últimos años me ha acompañado en directo; me siento muy a gusto con ellos". El resultado ha sido que de las trece composiciones incluidas, ella ha escrito o coescrito media docena y ha incluido tres versiones, dos compuestas para la ocasión por "dos buenos amigos" como Tom Waits y Townes van Zandt, y la tercera una adaptación de un clásico de Duke Ellington.

El resultado también es una colección de canciones que vuelven a transpirar autenticidad, expuestas con profesionalidad y producto de la simbiosis entre ella y el resto de su grupo The Handsome Band, un colectivo de músicos que se muestra a gusto en el blues, el bluegrass, el country, el jazz, el rock y las armonías del pop.

Queda claro que es algo bastante alejado de la subyugante onda jazzy que impregnaba el multimillonario Come away... . El nexo de unión, el denominador común entre ambos discos, es la inconfundible voz de la pianista y compositora, mientras que la mayor diferencia es el control sobre su voz, el repertorio, el karma de nueva obra. Quizás no innovadora, pero hermosa y cantada con sinceridad.


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