
Hasta luego, tío Titi
Fuiste realmente genuino en todo lo que hiciste y, sin duda alguna, un panameño ejemplar
Juan Luis Correa
jlcorrea@prensa.com
Soy uno de tantos afortunados que tuvimos la oportunidad de conocer en vida a don Alberto Martinelli. Mejor conocido como tío Titi, se distinguió por ser un hombre como ya no hay muchos: trabajador incansable, padre ejemplar, maestro de sus experiencias, inoxidable de corazón y caballero a perpetuidad.
A tío Titi jamás le conocí palabras soeces en contra de nadie. Fue un grande. Nunca hizo el mal; no conoció la envidia ni el rencor. Más bien se distinguió por su don de gentes, su alegría y jocosidad. Siempre tenía un cuento que contar o alguna interesante anécdota que relatar. Pasé innumerables tardes en la terraza de su casa en Soná, escuchando con atención las enseñanzas del tío Titi. Tenía pasión por la política y siempre lo sentí bien informado de las realidades de nuestro país. Su gran preocupación era el sector agropecuario.
Como bien dijera monseñor Dimas Cedeño durante la homilía ofrecida para despedirlo: "Titi dedicó toda la capacidad que le dio el Señor para trabajar la tierra". Y lo hizo con entusiasmo y dedicación. Siempre dio la cara por el sector, especialmente en los momentos más difíciles y para ganar las batallas más duras.
Al llegar a Soná, lo primero que yo hacía era preguntar por tío Titi. "Está en Filipinas (su finca), decía Angela (su cocinera), "y regresa en la tarde". Jamás podré olvidar las muchas invitaciones a tomar sopa de cabeza de pescado, su pasión. Y las frutas que ofrecía de postre, las más exóticas que uno pudiera imaginar. Sencillamente le encantaban. Para Semana Santa, mandaba a hacer dulces riquísimos de yuca, papaya y coco, confeccionados especialmente para él por las mejores manos de la región.
Vivió la vida a plenitud. Se rió y gozó. Fue el primero de los hijos de Quique y Toya. Lo sobreviven Toto, Guido, Pin y Edda. Crió y educó a sus propios hijos como lo hiciera en su momento don Quique. Les inculcó que, por sobre todas las cosas, está primero la familia.
Del tío Titi, un hombre que nos enseñó muchas lecciones, nos quedan solo buenos y sanos recuerdos. Fue realmente genuino en todo lo que hizo y, sin duda alguna, un panameño ejemplar. Hasta luego, tío Titi, vivirás para siempre en nuestros corazones.
El autor es economista
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