Llamado urgente para transformar la educación universitaria
Azael Barrera
A propósito del debate sobre la calidad de la educación universitaria iniciado por el “Ranking Universitario” de La Prensa, comparto unas reflexiones.
El Ranking ha contrapuesto a examinadores y examinados. Ha puesto a la educación superior sobre el tapete, dándole una nota promedio de C-. Sin embargo, la publicación que debió ser de calidad, tenía páginas repetidas (61 en la 63, 62 en la 64), inconsistencia descriptiva, etc. La calidad del que examina está tan en juego como la de los examinados.
El valor científico del Ranking fue cuestionado por el Consejo de Rectores. El portafolio de la empresa encuestadora hacía esperar una encuesta de percepción, no una científica. Para una medición periodística más completa de este tipo, invito a leer U.S. News World Report, Time, y Princeton Review, que han publicado evaluaciones detalladas y metódicas de universidades, muchas fundamentadas en exámenes por pares. La Prensa ha dado los primeros pasos en esa dirección y los exhorto a mejorar. La universidad, así como sus programas académicos por áreas profesionales deben ser juzgados por sus profesores, estudiantes y egresados, y por los de las otras universidades. Pero más allá de un ranking, un factor crucial para mejorar la educación universitaria es la acreditación.
Hay varias propuestas sobre acreditación universitaria. El Ministerio de Educación pretende hacerla con su viceministerio cuando la calidad de la educación básica y media es cuestionable. Quien coordine esa acreditación no solo debe ser idóneo, debe parecerlo. Debe tener el más alto grado académico que puede otorgar una universidad acreditada internacionalmente como es un doctorado académico de verdad, lo que resulta imposible dado el carácter político de los puestos ministeriales.
Se está constituyendo un Consejo Centroamericano de Acreditación de la Educación Superior. Una Comisión Nacional de Acreditación hizo un llamado fugaz a concurso para representarnos en aquel consejo, solicitando candidatos con experiencia en acreditación universitaria. Como en Panamá no hay tal, idóneos serían aquellos con formación doctoral de estudios de varios años, y sometidos o que han participado de una acreditación en universidades extranjeras. Esta comisión debería primero divulgar ampliamente el tema para que la selección sea transparente. Si no, corre el riesgo de postular al que “más habla, se queja y rechifla” y no a quien tiene idoneidad, capacidad y genuino interés en ayudar.
Mejorar la calidad de nuestra educación universitaria es impostergable y no puede ser solo tarea del Consejo de Rectores, del Ministerio de Educación, de empresarios, de sindicatos, de periódicos, o de la llamada “sociedad civil”. Es una obligación de todos, es una obligación de Estado; el Estado somos todos.
Mejorar la calidad de la educación universitaria debe ser el objetivo central de un Plan Estratégico Nacional para el Desarrollo de la Educación Superior, consensuado en foros públicos abiertos y que defina políticas con peso constitucional y de ley, como una ley de educación superior. Hago un llamado urgente al Diálogo Nacional por la Transformación de la Educación, que se reactivó recientemente, a que convoque para trabajar en este plan.
El autor es doctor en física y profesor universitario
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