Panamá, 21 de febrero de 2003
 
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No perdimos la guerra, en lugar de ello ganamos héroes

Da tristeza tener que aceptar que la mayoría de nuestra población desconoce la historia general de Panamá

Eladio Ostía Pravia
eostiapravia@yahoo.com

Al leer las historias de los patriotas de otros pueblos me invade un profundo respeto; al leer la historia de los patriotas de mi pueblo me lleno de orgullo, pero al advertir que pocos son los compatriotas que la conocen, me lleno de disgusto y deseos por divulgarla.

El 21 de febrero de 1921, 100 hombres del Ejército costarricense irrumpieron en el pueblo de Coto y tomaron control del mismo después de haber expulsado al último corregidor panameño de esa localidad, el señor Manuel Salvador Pinzón Yangüez.

La noticia de la agresión en Coto no demoró en llegar a la capital, en donde el doctor Belisario Porras, entonces presidente de la República, tomó las medidas para repeler la agresión. En pocos días habíamos recuperado Coto y la estrategia para mantener la posición era sencilla: cortar la línea de suministros a las tropas costarricenses, pues desprovistas de apoyo tendrían que rendirse; Panamá no contaba con equipo armado, pues unos años antes de tal evento la policía había sido desarmada para evitar conflictos con los soldados estadounidenses que transitaban por nuestro istmo rumbo a Europa durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, el Dr. Porras, bajo la premisa “somos República o no lo somos”, había escondido algunos fusiles en el Palacio de las Garzas, claro que los primeros combates no se registraron con estos enseres, sino con el valor de los campesinos panameños que decidieron combatir a los agresores empleando armas personales que en otro tiempo fueron herramientas de cacería, pero que a partir de entonces se convirtieron en instrumentos garantes de libertad y soberanía.

Los primeros enfrentamientos fueron accesibles para las tropas panameñas, quienes lograron reocupar y mantener la posición, pero los costarricenses ambicionaban mucho más que Coto, llegando incluso a enviar más de 500 hombres armados a Bocas del Toro. A pesar de los deseos de combatir de los bocatoreños, no pudieron hacer mucho por la ausencia de armas en la remota provincia; mas no fue ese el fin, mientras unos combatían con lo poco que tenían, otros se preparaban para ir al frente y defender la patria; eran muchachos de escuela secundaria existentes en la época y que aún se mantienen en pie: hubo lasallistas, institutores y artesanos en el grupo de muchachos que marchó hacia la frontera a defender nuestro terruño.

El conflicto empezaba a tomar mayores proporciones, por lo que el Gobierno de Estados Unidos decidió intervenir “a fin de preservar sus intereses en la región”, especialmente en el caso de la United Fruit Company. Bajo esta consigna obligó a la implementación del mal llamado Fallo White, pues el mismo concurrió ante una solicitud de interpretación de un fallo previo, el de Emile Loubet y en ese contexto la actuación del señor Edward White debió limitarse a explayar el alcance y la aplicación del fallo francés, hechos que no concurrieron dado que el entonces presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos decidió aprovechar la situación para emitir un nuevo fallo camuflado y amparado bajo la figura de una interpretación del Fallo Loubet, pero que constituyó, in factum, un nuevo fallo, incurriendo en una actuación violatoria del derecho internacional.

El doctor Belisario Porras, ante la intervención estadounidense y a fin de evitar mayor derramamiento de sangre, decidió ordenar la retirada de las tropas panameñas, no sin antes reservar para la república de Panamá el derecho de reocupar los territorios vilmente arrebatados, en el momento y por los medios que nuestro país considerara convenientes.

La reserva hecha por Porras nunca pudo ser ejercida. Veinte años después de la guerra de Coto, el entonces presidente, Arnulfo Arias Madrid, firmó la paz (cediendo el territorio de Coto) con el Gobierno de Costa Rica en el tratado Arias-Calderón Guardia, fijando in iure el límite oeste de nuestro país.

Son muy pocos los panameños que realmente conocen la historia de esta guerra, muy poco se habla de ella; cada 21 de febrero transcurre como un día regular al igual que cada 20 de diciembre posterior a 1989. La información difundida sobre estos eventos en las escuelas y demás centros académicos es casi nula, no se aborda este fragmento de nuestra historia y da tristeza tener que aceptar que la mayoría de nuestra población desconoce la historia general de Panamá. Solo espero que la gente se instruya y evitemos que la historia de lo ocurrido al oeste de Panamá concurra al este, pues el derramamiento de sangre sería solo equiparable al 20 de diciembre, y quizá peor.

La guerra de Coto es un episodio en el que no murieron miles de panameños, pero no por ello debemos dejar en el olvido esa página de nuestra historia, porque a pesar de que no ganamos la guerra, tampoco perdimos. En lugar de ello, ganamos héroes.

El autor es estudiante de derecho


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