
Crimen contra el pueblo iraquí
Esta guerra está en tres
y dos. Estados Unidos es probable que la inicie, lo que no está
claro es hasta dónde pueda llegar
Herasto Reyes hreyes@prensa.com
Lo único que le interesa a George Bush es
el petróleo del subsuelo iraquí. Lo demás son excusas y más excusas.
Ellos son capaces de llegar a un bombardeo indiscriminado contra
Bagdag, con tal de quitar cualquier estorbo para avanzar en el propósito
de poner en este país a un gobierno fiel a los intereses de Estados
Unidos.
Sadam Husein ha sido un dictador implacable
con su pueblo, pero ha logrado mantener, por la fuerza, una paz
interna que ha frenado las confrontaciones entre los distintos grupos
culturales y religiosos que viven en estos territorios. Su salida
violenta puede afectar este equilibrio. Entre los propósitos de
Bush está la liquidación del dictador.
La excusa más blandida por Estados Unidos es la
del terrorismo. Pero hasta ahora no ha podido encontrar un fundamento
para justificar la existencia de este mal. Por ejemplo: los inspectores
de Naciones Unidas, en meses de investigaciones, no han encontrado
(porque parece que no existen o si los hubiera están escondidos)
ni una sola base de armas químicas de exterminio masivo.
Pese a ello, el ejército de Bush ha ocupado los
territorios estratégicos cercanos a Irak para estar en disposición
de combate en cualquier momento.
La probable guerra contra el pueblo iraquí no tiene
razón de ser, por eso ha sido condenada por gobiernos, por pacifistas,
por líderes religiosos y políticos del mundo entero. Solo algunos
enemigos de la humanidad como Aznar (de España) y Blair (de Inglaterra)
han manifestado su apoyo abierto a Washington.
El Papa (líder de los católicos) ha sido enérgico
en sus planteamientos contra la guerra; los líderes políticos franceses,
italianos y rusos tampoco apoyan a Bush en sus afanes.
Pero el rechazo mayor ha venido de los pueblos.
En días pasados, millones de personas en el mundo entero se movilizaron
contra la guerra en Irak. Esta acción unitaria de todos los amigos
de la paz tiene un gran peso, aun cuando Bush no lo reconozca.
El que decenas de millones de hombres y mujeres
en México, Argentina, Panamá, Francia, Roma, Moscú, España, Sidney
y en el propio Estados Unidos se hayan movilizado, puede contribuir
a que se frene el inicio de esta guerra injusta.
Cuando Estados Unidos desarrolló la guerra contra
Vietnam, las movilizaciones contra la guerra comenzaron años después
de la ocupación militar. Sin embargo, según analistas, estas protestas,
sumadas a la valentía del pueblo vietnamita, contribuyeron a la
derrota de Estados Unidos en Vietnam a mediados de la década de
1970.
Ahora, antes de que caigan las primeras bombas y
la soldadesca estadounidense invada Irak, las protestas multitudinarias
ocupan el mapa del mundo. Los síntomas de una derrota de Estados
Unidos han comenzado a sentirse mucho antes del inicio de la guerra.
No indica esto que los bombardeos estadounidenses
lleven a la tumba a cientos de miles de combatientes iraquíes. La
desgracia de todo esto radica en que el Ejército estadounidense
está dispuesto a bombardear sin medir ningún costo. Ese es el peligro
que hay que parar.
En fin, esta guerra está en tres y dos. Estados
Unidos es probable que la inicie, lo que no está claro es hasta
dónde pueda llegar. El mundo musulmán y sus creencias religiosas
tienen en sí mismos una fuerza moral que los contingentes militares
estadounidenses no tienen. Las armas de ataque y contraataque pierden
efectividad cuando los musulmanes consideran que esta es una “guerra
santa”.
Desde estas líneas, de poco alcance, una sola posición
se trasluce (similar a la de todos los pacifistas panameños): ¡no
a la guerra imperialista contra Irak!
El autor es periodista
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