Panamá, 21 de febrero de 2003
 
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Crimen contra el pueblo iraquí

Esta guerra está en tres y dos. Estados Unidos es probable que la inicie, lo que no está claro es hasta dónde pueda llegar

Herasto Reyes
hreyes@prensa.com

Lo único que le interesa a George Bush es el petróleo del subsuelo iraquí. Lo demás son excusas y más excusas. Ellos son capaces de llegar a un bombardeo indiscriminado contra Bagdag, con tal de quitar cualquier estorbo para avanzar en el propósito de poner en este país a un gobierno fiel a los intereses de Estados Unidos.

Sadam Husein ha sido un dictador implacable con su pueblo, pero ha logrado mantener, por la fuerza, una paz interna que ha frenado las confrontaciones entre los distintos grupos culturales y religiosos que viven en estos territorios. Su salida violenta puede afectar este equilibrio. Entre los propósitos de Bush está la liquidación del dictador.

La excusa más blandida por Estados Unidos es la del terrorismo. Pero hasta ahora no ha podido encontrar un fundamento para justificar la existencia de este mal. Por ejemplo: los inspectores de Naciones Unidas, en meses de investigaciones, no han encontrado (porque parece que no existen o si los hubiera están escondidos) ni una sola base de armas químicas de exterminio masivo.

Pese a ello, el ejército de Bush ha ocupado los territorios estratégicos cercanos a Irak para estar en disposición de combate en cualquier momento.

La probable guerra contra el pueblo iraquí no tiene razón de ser, por eso ha sido condenada por gobiernos, por pacifistas, por líderes religiosos y políticos del mundo entero. Solo algunos enemigos de la humanidad como Aznar (de España) y Blair (de Inglaterra) han manifestado su apoyo abierto a Washington.

El Papa (líder de los católicos) ha sido enérgico en sus planteamientos contra la guerra; los líderes políticos franceses, italianos y rusos tampoco apoyan a Bush en sus afanes.

Pero el rechazo mayor ha venido de los pueblos. En días pasados, millones de personas en el mundo entero se movilizaron contra la guerra en Irak. Esta acción unitaria de todos los amigos de la paz tiene un gran peso, aun cuando Bush no lo reconozca.

El que decenas de millones de hombres y mujeres en México, Argentina, Panamá, Francia, Roma, Moscú, España, Sidney y en el propio Estados Unidos se hayan movilizado, puede contribuir a que se frene el inicio de esta guerra injusta.

Cuando Estados Unidos desarrolló la guerra contra Vietnam, las movilizaciones contra la guerra comenzaron años después de la ocupación militar. Sin embargo, según analistas, estas protestas, sumadas a la valentía del pueblo vietnamita, contribuyeron a la derrota de Estados Unidos en Vietnam a mediados de la década de 1970.

Ahora, antes de que caigan las primeras bombas y la soldadesca estadounidense invada Irak, las protestas multitudinarias ocupan el mapa del mundo. Los síntomas de una derrota de Estados Unidos han comenzado a sentirse mucho antes del inicio de la guerra.

No indica esto que los bombardeos estadounidenses lleven a la tumba a cientos de miles de combatientes iraquíes. La desgracia de todo esto radica en que el Ejército estadounidense está dispuesto a bombardear sin medir ningún costo. Ese es el peligro que hay que parar.

En fin, esta guerra está en tres y dos. Estados Unidos es probable que la inicie, lo que no está claro es hasta dónde pueda llegar. El mundo musulmán y sus creencias religiosas tienen en sí mismos una fuerza moral que los contingentes militares estadounidenses no tienen. Las armas de ataque y contraataque pierden efectividad cuando los musulmanes consideran que esta es una “guerra santa”.

Desde estas líneas, de poco alcance, una sola posición se trasluce (similar a la de todos los pacifistas panameños): ¡no a la guerra imperialista contra Irak!

El autor es periodista

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