Neutralidad y terrorismo (II)
Guillermo Sánchez Borbón
El valor estratégico del Canal terminó bruscamente el 6 de agosto de 1945. Ese día desapareció, también, toda posibilidad de defenderlo militarmente. Ya ni siquiera valía la pena que los enemigos potenciales o actuales de Estados Unidos espiaran las instalaciones bélicas de la vía a fin de definir con toda claridad los blancos de un ataque. Un solo artefacto nuclear —enviado en un mísil desde miles de kilómetros de distancia— bastaría para volatilizar la maravillosa obra de ingeniería. Esta es la verdadera razón de que —después de los trágicos acontecimientos del 9 de enero de 1964— los gringos se mostraran tan dispuestos a entregarnos el Canal, a devolvernos la Zona y a abandonar sus bases militares, inútiles ahora por obra y gracia de las nuevas realidades geopolíticas del mundo.
Repito: desde el punto de vista militar, el Canal es indefendible. Pero su debilidad es también su fuerza. Kissinger y otros genios de la Realpolitik convencieron a Carter de que le diera asilo político en EU al Sha de Persia. En respuesta, los fanáticos de Teherán secuestraron a todo el personal de la embajada gringa. Entonces Torrijos, para ayudar a Carter, se trajo al Sha para Panamá, poniendo —eso creí— en grave peligro a nuestro país. Pero no pasó nada. ¿Por qué? Porque hasta el fundamentalismo a veces choca con la realidad. Los fanáticos sabían perfectamente que el Canal es una de las arterias por las cuales fluye el petróleo de Irán y de los países árabes, a ninguno de los cuales le conviene destruirlo o dañarlo seriamente. Torrijos y sus áulicos atribuyeron su buena fortuna a factores adjetivos. Post hoc, ergo propter hoc.
Como en el terreno militar el Canal es indefendible, hay que defenderlo en el terreno político. Hace muchos años escribí varios artículos sobre el tema. Trataré de sintetizarlos. ¿Cómo se defiende políticamente? Observando una estricta neutralidad frente a todos los conflictos y todas las fuerzas que convulsionan el planeta. Ni siquiera debemos meternos a pacificadores. Recuerdo que en tiempos de la dictadura, mientras los gorilas fomentaban la paz de Centroamérica en Contadora, se enriquecían como unos descosidos suministrando bajo cuerda armas a todos los contendientes del área. Recuerdo también las declaraciones temerarias de Paredes, cuando puso a Costa Rica bajo la protección de Panamá. O la política imprudente del toro (continuada por Mireya) de tomar partido a favor de Taiwan en su disputa con China Popular. Este conflicto tienen que resolverlo (y lo van a resolver) las partes. Debemos continuar las excelentes relaciones políticas y comerciales que mantenemos con Taiwan y simultáneamente mejorar las que tenemos con China Popular, nación que es —en número de barcos y en tonelaje— el cuarto usuario del Canal. El sentido común aconseja, en este caso, ser prudentes. Los funcionarios no deben hablar solo porque el buen Dios les dio boca y cuerdas vocales. Que solo opinen las personas sensatas y con suficientes conocimientos para no meter los cascos.
Quiero apurar aún más la tesis. Pienso en una neutralidad absoluta —tipo Suiza—; solo así la respetaría el resto del mundo. Esto significa que tenemos, incluso, que salirnos de la ONU y de todos los demás organismos políticos internacionales. No quiere decir, desde luego, como parecen creer algunos, que seríamos neutrales frente a la delincuencia. Podemos cooperar —como lo hace ahora Suiza— para devolver a sus legítimos dueños los fondos robados al erario por los ladrones públicos de todos los países, o cooperar en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el delito conexo del lavado de dinero, cosas que no tienen absolutamente nada que ver con la neutralidad política.
Además en opinión
• Neutralidad y terrorismo
(II): Guillermo Sánchez Borbón •
Felicitaciones: Arístides Ramírez
• Determinación:
Calixto Arias •
La agenda social: Doris R. de Mata
• Fe de erratas
• La primera represalia:
Betty Brannan Jaén •
Otra clase de espanto: Teresita Yániz de Arias
|