Panamá, 20 de enero de 2001
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Nostalgias de verano

Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com

Esta colección de 16 cuentos de Voloj pretende aleccionar a la juventud de ayer y hoy sobre las costumbres y virtudes en desuso

Título: Cuentos de Verano,
Autor: Juan Carlos Voloj Pereira,
Nacionalidad: panameña
Año de publicación: 2000 Edito rial: Lapatala

Cuando Juan Carlos Voloj se sentó a escribir las breves historias que ahora conforman la anto logía Cuentos de Verano, de seguro lo hizo azuzado por la nostalgia de una adolescencia pletórica en imágenes, sensaciones y emociones que el incipien te adulto empezaba a de jar atrás. Son estos rela tos de transición, de un hombre que se despide con melancolía del vivaz y alegre niño que irremedia blemente dejó de ser, pa ra asumir aquella inevita ble capitulación de la vida que hemos acordado en llamar “madurez”.

Lo que sorprende es el trasfondo moral de esta obra juvenil (Voloj la es cribió entre los 15 y 22 años de edad). Este he cho facilita la acogida que ha tenido la antología en los centros escolares.

Entre el discurso polí tico y la moraleja

El libro, cuya primera edición se publicó en 1975, comienza con Entre amor y patria, que se am bienta en los años cin cuenta, en pleno apogeo de la Revolución Castris ta. El cuento relata la his toria de un inmaculado y ardiente romance (de aquellos que solo tienen lugar en la adolescencia) entre un cubano revolucio nario exiliado en Panamá por causa del régimen de Batista, y una bella mu chacha de ascendencia española.

El pícaro cubano y la recatada española confor man la pareja perfecta. Su unión constituye la res puesta a las plegarias del padre de la joven, el cual antes de morir quería ver a su hija en los brazos de un hombre honrado y tra bajador.

Sin embargo, el idílico romance se ve frustrado cuando Alvaro regresa a Cuba para luchar en las huestes revolucionarias, abandonando al amor de su vida para ir en busca de aventuras y utopías. Varios años después un Alvaro con expresión adus ta y sombría, propia de aquellos que han luchado por sus ideales en vano, retorna a Panamá tan solo para encontrar que su vir ginal amor se encuentra casada con otro.

Voloj recrea con sen sibilidad y maestría el am biente y la gente del Cas co Antiguo de la ciudad. Lamentablemente, el cuento se malogra al im primirle una connotación política innecesaria, al igual que ocurre con Su primera redención.

En Su primera redención el escritor realiza una dis curso en contra del régi men de Castro, tan radical que alcanza tonos de ul traderecha. La historia tie ne lugar en un futuro fic ticio, cuando el dictador ya ha abandonado el poder y se ha exiliado en España.

Fidel vive sus últimos años sumido en la año ranza y el miedo. Por un lado, rememora el fulgor de su juventud idealista, y por otro, el terror de una posible venganza a ma nos de algún exiliado cu bano.

Un Fidel hastiado de su ostracismo burla su escol ta y sale a pasear por las calles madrileñas. Es Na vidad, y las calles están pletóricas de adornos, y en cada esquina hay gru pos de parroquianos que se reúnen para celebrar. Fidel, necesitado de calor humano, se acerca a la muchedumbre. Bajo la luz de un petardo alguien lo reconoce y da la voz de alarma. El ex dictador co rre perseguido más por sus remordimientos que por vengadores reales.

En su frenética carrera, choca contra un procesión consagrada al Divino Ni ño. Un puñal anónimo es incrustado en su abdo men. Mientras la vida se le escapa, el que una vez se proclamó comunista be sa la efigie del Divino Ni ño, buscando su postrera redención.

A parte del trasfondo ideológico, también abun dan los relatos con fuerte contenido moral, como es el caso de Las marineras, que sentencia el compor tamiento libertino de algu nas mujeres de baja re putación, así como también la frivolidad con el que el pueblo paname ño celebra las fiestas pa trias.En realidad, esta li teratura de índole aleccionadora y fabulesca está presente en toda la obra. El autor debió haber sabido moderar su retóri ca moralista para conse guir una mayor libertad creativa, que no estuviera limitada por preconceptos.


El candor lírico de Sofía Santim

Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com

En sus versos se denota la espontaneidad del momento, la frescura de las emociones: ya sea melancolía, esperanza o tristeza

El candor lírico de Sofía Santim

Título del libro: El rostro de la soledad. Autor: Sofía Santim. Nacionalidad: pana meña. Año de la publica ción: 2001

Hay quienes todavía creen (con una fe que de seguro en vidiaría más de un teólogo), que en nuestra cínica y uti litarista sociedad es posible que eclosione la flor del ro manticismo. Sofía Santim, seu dónimo de María Gilma Arro cha Castrellón, es una de estas fidedignas creyentes.

A pesar de sus escasos 18 años de edad, esta estudiante de Derecho en la Universidad Santa María La Antigua es ca paz de emular en algunos de sus versos el fervor y la de sesperación de un Bécquer, de un Neruda, de un Benedetti, logrando una sensibilidad tan arrobada, como solo es posible cultivarla durante la adolescen cia, y especialmente ante la cal cinante llaga que nos deja el primer roce con esa lumbre ce gadora que conocemos como amor.

Y es que la poesía de María Gilma surge cuando aflora el sentimiento. En sus versos se denota la espontaneidad del momento, la frescura de las emociones: ya sea melancolía, esperanza o tristeza. Su obra está impregnada de cierta ex pectativa candorosa, de una férvida sed de experiencia vital propia de toda alma joven y sensible que confronta la vida con sus consecuentes avata res.

El agridulce éxtasis del en cuentro y del desencuentro amoroso constituye la temática predominante en las 71 pági nas de El rostro de la soledad, el primer libro de esta novel poe tisa, ganadora durante tres años consecutivos del Certa men de Poesía del Club Unión. En sus versos María Gilma ma tiza voces poéticas tan diver sas como las de García Lorca, y los panameños José Franco y Héctor Collado.

No obstante, también se aprecian tímidos intentos de plasmar la melancólica exis tencia de personajes margina dos, tal es el caso de poemas como Un alma perdida, en el cual, utilizando la primera per sona, la autora pretende ha cerse partícipe de los azares de un mendigo: Paz quiere esta humanidad y El rostro de la so ledad.

El poema homónimo al libro cuenta la historia de un eximio violinista estadounidense, que la autora conoció durante unas vacaciones en Bocas del Toro. Según una historia local, el músico era miembro de una banda en Nueva Orleans, y se retiró a vivir, nadie sabe por qué, una existencia reclusiva en el archipiélago. En realidad, el poema ensalza las virtudes del arte como panacea aními ca, como un elevado proceso que nos permite alejarnos, aun que solo sea de forma efímera, de las vicisitudes de la vida.

Asimismo cabe destacar, en tre los poemas que rompen la homogeneidad temática, a Re sucita Panamá, un candoroso canto patriótico que, con des bocado entusiasmo juvenil, ce lebra la reversión del Canal; El día en que guardaste la paz, conmovedor poema que versa sobre el suicidio de una ado lescente desesperada, y Mis dos amores, Fluir de emociones y Terapia del alma, que ponen de manifiesto el valor de la poesía como ejercicio catártico.

A pesar de su evidente falta de experiencia, María Gilma es consciente de que el oficio poé tico es sumamente difícil, es pecialmente en una sociedad en donde se desprecian las manifestaciones sublimes del arte. En opinión de la autora, esto se debe a que desde la primaria se pretende inculcarle a los infantes el hábito de la lectura a través de obras ana crónicas que no se relacionan directamente con su mundo y con las cuales los lectores pri merizos no se sienten identi ficados.

La joven autora confía en que con el mercadeo adecua do se podría aumentar el in terés de los consumidores en la adquisición de libros. Un buen ejemplo de esto lo re presenta su propio libro, El ros tro de la soledad, cuyo diseño de portada es altamente lla mativo. El mismo es una rea lización de Ricky Salterio, dia gramador de la revista alternativa elrevolver.

Aunque el lenguaje de Ma ría Gilma es todavía bastante elemental y le hace falta más experimentación metafórica, hay cierta transparencia emo cional en sus versos, una ve hemencia subyacente que nos hace prever un estallido lírico en los años subsecuentes. Tampoco faltan las imágenes sugestivas: deseo anclarme en tus vellos... Luna, fiel testigo de mi soledad... Cuéntale del vacío/ que provoca en mí su ausencia/y de cómo me con suela el pensar/que en tus ra yos él verá/huellas de mi pre sencia...¿A quién le interesa un pobre vagabundo/sumergi do en el calor del pavimento?

María Gilma escribe estos versos ahora, en el cenit de su adolescencia, en el clímax de su pasión y candidez. Solo nos queda esperar que la vocación poética de esta incipiente vate se mantenga y se robustezca con el pasar de los años..

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