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Nostalgias
de verano
Errol
E. Caballero
ecaballero@prensa.com
Esta
colección de 16 cuentos de Voloj pretende aleccionar a la juventud
de ayer y hoy sobre las costumbres y virtudes en desuso
Título:
Cuentos de Verano,
Autor:
Juan Carlos Voloj Pereira,
Nacionalidad:
panameña
Año
de publicación: 2000 Edito rial: Lapatala
Cuando Juan Carlos Voloj se sentó a escribir las breves historias
que ahora conforman la anto logía Cuentos de Verano, de seguro
lo hizo azuzado por la nostalgia de una adolescencia pletórica
en imágenes, sensaciones y emociones que el incipien te adulto
empezaba a de jar atrás. Son estos rela tos de transición, de
un hombre que se despide con melancolía del vivaz y alegre niño
que irremedia blemente dejó de ser, pa ra asumir aquella inevita
ble capitulación de la vida que hemos acordado en llamar “madurez”.
Lo que sorprende es el trasfondo moral de esta obra juvenil (Voloj
la es cribió entre los 15 y 22 años de edad). Este he cho facilita
la acogida que ha tenido la antología en los centros escolares.
Entre el discurso polí tico y la moraleja
El libro, cuya primera edición se publicó en 1975, comienza con
Entre amor y patria, que se am bienta en los años cin cuenta,
en pleno apogeo de la Revolución Castris ta. El cuento relata
la his toria de un inmaculado y ardiente romance (de aquellos
que solo tienen lugar en la adolescencia) entre un cubano revolucio
nario exiliado en Panamá por causa del régimen de Batista, y una
bella mu chacha de ascendencia española.
El pícaro cubano y la recatada española confor man la pareja perfecta.
Su unión constituye la res puesta a las plegarias del padre de
la joven, el cual antes de morir quería ver a su hija en los brazos
de un hombre honrado y tra bajador.
Sin embargo, el idílico romance se ve frustrado cuando Alvaro
regresa a Cuba para luchar en las huestes revolucionarias, abandonando
al amor de su vida para ir en busca de aventuras y utopías. Varios
años después un Alvaro con expresión adus ta y sombría, propia
de aquellos que han luchado por sus ideales en vano, retorna a
Panamá tan solo para encontrar que su vir ginal amor se encuentra
casada con otro.
Voloj recrea con sen sibilidad y maestría el am biente y la gente
del Cas co Antiguo de la ciudad. Lamentablemente, el cuento se
malogra al im primirle una connotación política innecesaria, al
igual que ocurre con Su primera redención.
En Su primera redención el escritor realiza una dis curso en contra
del régi men de Castro, tan radical que alcanza tonos de ul traderecha.
La historia tie ne lugar en un futuro fic ticio, cuando el dictador
ya ha abandonado el poder y se ha exiliado en España.
Fidel vive sus últimos años sumido en la año ranza y el miedo.
Por un lado, rememora el fulgor de su juventud idealista, y por
otro, el terror de una posible venganza a ma nos de algún exiliado
cu bano.
Un Fidel hastiado de su ostracismo burla su escol ta y sale a
pasear por las calles madrileñas. Es Na vidad, y las calles están
pletóricas de adornos, y en cada esquina hay gru pos de parroquianos
que se reúnen para celebrar. Fidel, necesitado de calor humano,
se acerca a la muchedumbre. Bajo la luz de un petardo alguien
lo reconoce y da la voz de alarma. El ex dictador co rre perseguido
más por sus remordimientos que por vengadores reales.
En su frenética carrera, choca contra un procesión consagrada
al Divino Ni ño. Un puñal anónimo es incrustado en su abdo men.
Mientras la vida se le escapa, el que una vez se proclamó comunista
be sa la efigie del Divino Ni ño, buscando su postrera redención.
A parte del trasfondo ideológico, también abun dan los relatos
con fuerte contenido moral, como es el caso de Las marineras,
que sentencia el compor tamiento libertino de algu nas mujeres
de baja re putación, así como también la frivolidad con el que
el pueblo paname ño celebra las fiestas pa trias.En realidad,
esta li teratura de índole aleccionadora y fabulesca está presente
en toda la obra. El autor debió haber sabido moderar su retóri
ca moralista para conse guir una mayor libertad creativa, que
no estuviera limitada por preconceptos.
El
candor lírico de Sofía Santim
Errol
E. Caballero
ecaballero@prensa.com
En sus versos se denota la espontaneidad del momento, la frescura
de las emociones: ya sea melancolía, esperanza o tristeza
El candor lírico de Sofía Santim
Título del libro: El rostro de la soledad. Autor: Sofía
Santim. Nacionalidad: pana meña. Año de la publica ción: 2001
Hay quienes todavía creen (con una fe que de seguro en vidiaría
más de un teólogo), que en nuestra cínica y uti litarista sociedad
es posible que eclosione la flor del ro manticismo. Sofía Santim,
seu dónimo de María Gilma Arro cha Castrellón, es una de estas
fidedignas creyentes.
A pesar de sus escasos 18 años de edad, esta estudiante de Derecho
en la Universidad Santa María La Antigua es ca paz de emular en
algunos de sus versos el fervor y la de sesperación de un Bécquer,
de un Neruda, de un Benedetti, logrando una sensibilidad tan arrobada,
como solo es posible cultivarla durante la adolescen cia, y especialmente
ante la cal cinante llaga que nos deja el primer roce con esa
lumbre ce gadora que conocemos como amor.
Y es que la poesía de María Gilma surge cuando aflora el sentimiento.
En sus versos se denota la espontaneidad del momento, la frescura
de las emociones: ya sea melancolía, esperanza o tristeza. Su
obra está impregnada de cierta ex pectativa candorosa, de una
férvida sed de experiencia vital propia de toda alma joven y sensible
que confronta la vida con sus consecuentes avata res.
El agridulce éxtasis del en cuentro y del desencuentro amoroso
constituye la temática predominante en las 71 pági nas de El rostro
de la soledad, el primer libro de esta novel poe tisa, ganadora
durante tres años consecutivos del Certa men de Poesía del Club
Unión. En sus versos María Gilma ma tiza voces poéticas tan diver
sas como las de García Lorca, y los panameños José Franco y Héctor
Collado.
No obstante, también se aprecian tímidos intentos de plasmar la
melancólica exis tencia de personajes margina dos, tal es el caso
de poemas como Un alma perdida, en el cual, utilizando la primera
per sona, la autora pretende ha cerse partícipe de los azares
de un mendigo: Paz quiere esta humanidad y El rostro de la so
ledad.
El poema homónimo al libro cuenta la historia de un eximio violinista
estadounidense, que la autora conoció durante unas vacaciones
en Bocas del Toro. Según una historia local, el músico era miembro
de una banda en Nueva Orleans, y se retiró a vivir, nadie sabe
por qué, una existencia reclusiva en el archipiélago. En realidad,
el poema ensalza las virtudes del arte como panacea aními ca,
como un elevado proceso que nos permite alejarnos, aun que solo
sea de forma efímera, de las vicisitudes de la vida.
Asimismo cabe destacar, en tre los poemas que rompen la homogeneidad
temática, a Re sucita Panamá, un candoroso canto patriótico que,
con des bocado entusiasmo juvenil, ce lebra la reversión del Canal;
El día en que guardaste la paz, conmovedor poema que versa sobre
el suicidio de una ado lescente desesperada, y Mis dos amores,
Fluir de emociones y Terapia del alma, que ponen de manifiesto
el valor de la poesía como ejercicio catártico.
A pesar de su evidente falta de experiencia, María Gilma es consciente
de que el oficio poé tico es sumamente difícil, es pecialmente
en una sociedad en donde se desprecian las manifestaciones sublimes
del arte. En opinión de la autora, esto se debe a que desde la
primaria se pretende inculcarle a los infantes el hábito de la
lectura a través de obras ana crónicas que no se relacionan directamente
con su mundo y con las cuales los lectores pri merizos no se sienten
identi ficados.
La joven autora confía en que con el mercadeo adecua do se podría
aumentar el in terés de los consumidores en la adquisición de
libros. Un buen ejemplo de esto lo re presenta su propio libro,
El ros tro de la soledad, cuyo diseño de portada es altamente
lla mativo. El mismo es una rea lización de Ricky Salterio, dia
gramador de la revista alternativa elrevolver.
Aunque el lenguaje de Ma ría Gilma es todavía bastante elemental
y le hace falta más experimentación metafórica, hay cierta transparencia
emo cional en sus versos, una ve hemencia subyacente que nos hace
prever un estallido lírico en los años subsecuentes. Tampoco faltan
las imágenes sugestivas: deseo anclarme en tus vellos... Luna,
fiel testigo de mi soledad... Cuéntale del vacío/ que provoca
en mí su ausencia/y de cómo me con suela el pensar/que en tus
ra yos él verá/huellas de mi pre sencia...¿A quién le interesa
un pobre vagabundo/sumergi do en el calor del pavimento?
María Gilma escribe estos versos ahora, en el cenit de su adolescencia,
en el clímax de su pasión y candidez. Solo nos queda esperar que
la vocación poética de esta incipiente vate se mantenga y se robustezca
con el pasar de los años..
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